Teatro Romano de Sagunto: Restauración y simulacro
Al parecer, en el plazo de algo más de un año, la intervención realizada por Giorgio Grassi y Manuel Portaceli sobre los restos del Teatro Romano de Sagunto serán demolidos según dictaminó la sentencia última del Tribunal Supremo. La larga historia procesal iniciada por un abogado y político valenciano está fielmente recogida por las hemerotecas, y no es el motivo de la reflexión, aunque queda como arriesgado precedente de la compleja relación de la interpretación de las normativas legales y el mundo más problemático de las teorías restauradoras. Tampoco se trata de reivindicar algo obvio para los especialistas, el hecho de que el concepto de «reconstrucción», proscrito desde el punto de vista teórico, siempre se ha referido (al menos desde el Tercer Congreso de Ingenieros y Arquitectos, celebrado en Roma a finales de 1833, donde a instancia de Camillo Boito se tomó el acuerdo de las partes añadidas para completar la restauración de un monumento, que no debían imitar la arquitectura original), a la denominada «reconstrucción en estilo», aquella que desde la «falsificación óptica» podía dificultar el conocimiento científico del monumento, es decir, en dimensión histórica o, lo que es lo mismo, «documental».
Riesgo pedagógico. Y no es momento de entrar a valorar con criterios arquitectónicos la calidad en abstracto de una propuesta que asume desde un origen el riesgo de la pedagogía; de la recuperación de un tipo arquitectónico -el del teatro romano- lo que condujo necesariamente a una solución de condición esquemática, en consonancia con el carácter generalista del concepto.
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Tags: arquitectura, Giorgio Grassi y Manuel Portaceli, historia, restauración, Teatro Romano de Sagunto, Tercer Congreso de Ingenieros y Arquitectos
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