Bodegas de diseño
Arquitectos de fama internacional han construido edificios de estilo vanguardista entre los viñedos de fincas históricas de La Rioja y Navarra. La Rioja alavesa es una de las regiones de la Península más rica en cultura enológica. Desde hace unos años, además se ha convertido en un escaparate de la arquitectura vanguardista. Esta zona, a medio camino entre La Rioja y Álava, reúne en pocos kilómetros obras de los arquitectos de mayor prestigio internacional que se han puesto al servicio de destacadas marcas de vinos para diseñar las bodegas más modernas del país.
Santiago Calatrava y Philippe Mazières en Laguardia, Iñaki Aspiazu en Samaniego, Frank Gehry en Elciego o Rafael Moneo en Aberin firman los edificios de una ruta enológica y arquitectónica de poco más de cincuenta kilómetros, que comienza en Logroño y concluye en Navarra.
A quince minutos de la capital riojana se encuentra el pequeño pueblo de Laguardia. Una red de callejuelas y la enorme muralla que lo rodea delata el origen medieval de su casco antiguo. A sus afueras, sin embargo, el paisaje cambia radicalmente. La bodega Ysios, fue diseñada por el arquitecto Santiago Calatrava, premio Príncipe de Asturias de las Artes 1999. Un camino que sale del pueblo y transcurre entre viñedos, conduce hasta ella. Durante el trayecto, el horizonte verdinegro de la Sierra de Cantabria se transforma en una suave y ondulante línea metálica: la que dibuja el mar de aluminio diseñado como tejado al aedificio, a imitación de la hilera que perfilan las barricas de vino apiladas.
Si se reserva cita previamente, en sólo dos horas se puede visitar las tres salas en las que la marca Domecq elabora el vino que da nombre a la bodega, Ysios, bautizado en honor ala diosa egipcia encargada del proceso de transformación de la uva en vino. El recorrido, finaliza en el salón comedor. Allí, los amantes del buen vino tienen la opción de degustar este reserva, mientras observan el paisaje a través de las cristaleras.
A pocos kilómetros, dentro del mismo termino municipal de Laguardia, se encuentra la bodega Pagos de Viña Real. Obra del arquitecto francés Philippe Mazières, reclama atención desde el Cerro de la Mesa donde se sitúa. .Como en el edificio de Calatrava, una combinación de funcionalidad y vanguardia estructuran esta impactante obra de hormigón, madera y acero. Y el mismo símbolo de la cultura vinícola, una barrica inspira la forma del edificio. Pero si las curvas de Calatrava son pura sugerencia, la gigantesca tina que Mazières clava en la tierra es la fuerza del vino hecha arquitectura.
El edificio se divide en dos pisos que están iluminados de manera natural por la luz que penetra a través de un techo acristalado. La luminosidad invade el centro de las plantas, un espacio hueco y abierto. En el piso superior se halla la nave de vinificación, que consiste en un novedoso sistema de transporte del mosto por gravedad, a través de una grúa diseñada también por Mazières. En el piso inferior se puede visitar la original sala circular donde se guardan las barricas en las que se macera el vino. También es posible acceder a la línea de embotellar y a los dos túneles de almacenaje de botellas, que están excavados bajo tierra.
Inaugurada en 2004, la bodega Pagos de Viña Real incluye las mayores innovaciones tecnológicas y arquitectónicas aplicadas a la elaboración y mantenimiento del vino, así como a la movilidad de las personas. En este sentido destaca, por ejemplo, el hecho de que sea la primera bodega del Estado español que ha adaptado sus instalaciones para invidentes.
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Tags: arquitectura, Bodegas de diseño, Frank Gehry, Iñaki Aspiazu, Philippe Mazières, Rafael Moneo, Santiago Calatrava
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Los Artesanos de la Reforma del Prado
Detrás de una gran obra como la ampliación del Museo del Prado se escoden los artistas anónimos que respiran polvo, sufren martillazos, manipulan bronce hirviendo… y consiguen que el diseño del arquitecto se convierta en realidad. Los cinco maestros que han hecho posible la ampliación de la pinacoteca explican las técnicas antiguas empleadas en cada estancia. Salvo los 9.000 ejemplares de boj del parterre, que necesitarían un clima menos cálido, el estuco planchado en caliente, el bronce fundido para las puertas y la piedra de Colmenar garantizan su permanencia durante siglos. Algunos de los expertos tuvieron que “inventar” en sus talleres los mecanismos necesarios para trasladar las monumentales piezas, porque no existían aún en el mercado. Otros consiguieron que el vidrio quedara suspendido en el aire y se convirtiera en una linterna que traslada la luz desde el techo hasta las plantas inferiores. Todos ellos consideran que sus trabajos les sobrevivirán y esto es loq eu más importa “Y no tanto si la gente no nos conoce,” aseguran.
Oriol García. Estuco Rojo de Pompeya.
Los primero que sorprende al entrar en el nuevo edificios es el rojo sangre que se extiende desde la pared curva del auditorio hasta otras estancias. En realidad imita el rojo pompeyano que sobrevivió a las cenizas del Vesubio.
Oriol García es el maestro estuquista capaz de conseguir los colores, brillos y texturas que Moneo encontró en un cuadro de Goya, ha pesar de sufrir ceguera desde hace poco mas de un año. “Se ha dicho que perdí la vista por culpa de la cal con la que trabajamos, pero no es cierto. Sufro de una rinopatía hereditaria que también dejó ciego a mi abuelo, estuquista como yo, que soy la quinta generación de mi familia”, explica. “El estuco planchado en caliente del Prado debía ser fino y suave… Lo noto con las manos y así doy instrucciones”. García y su taller han empleado técnicas antiguas mezclando arena de mármol, cal anegada y pigmentos. “porque así durará eternamente”.
Víctor Martín. Bronce Inexistente.
“No habrá otra obra en el mundo que tenga puertas como éstas” Los enormes accesos de bronce que separan estancias sin un solo tornillo a la vista son únicos en el mercado. Lo sabe su creador, Víctor Martín, que tuvo que encargar a Alemania piezas de seis metros que no se fabricaban en ningún otro sitio, con un 94% de cobre y un 6% de estaño. “Muchas de las planchas que se verán ahora en el Prado fueron repetidas hasta cinco veces porque no conseguíamos el tono elegido por Moneo. Otras veces, el sudor de la mano ennegrecía el trabajo y había que empezar de nuevo todo el proceso”, cuenta con orgullo.
De su taller nació también la linterna, un tubo traslúcido por el que e filtra la luz desde el cielo. “había que conducir los rayos del sol desde el claustro en la planta superior hasta las salas de exposiciones que quedan abajo. Además Moneo quería que los vidrio flotaran en el aire. Y fue difícil pero se consiguió”.
Juan Carranlón. Piedras Eternas.
Sólo existe una cantera en Colmenar de Oreja (Madrid), donde la piedra caliza reúne las condiciones, formas y calidades que merecía el suelo del claustro de los Jerónimos. Por eso su extracción y montaje llevó cerca de cuatro años.
Juan Carranlón se encargo de seleccionar cada uno de los bloques que pisará el público sin imaginar que son tan especiales. “Ha sido un proceso muy lento porque es una cantera con poca producción, no a gran escala. Y además las piezas que salían no tenían las medidas o las formas curvilíneas que necesitábamos. No hemos empleado ningún bloque rectangular y no hay dos iguales”, afirma Carranlón.
La piedra caliza de Colmenar asegura que seguirá en pie durante siglos. “Es una pena que no se hagan obras de este tipo más a menudo, porque al final son las que perdurarán. Pasará el tiempo y ellas seguirán”.
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Tags: arquitectura, Madrid, Museo del Prado, Museos, Rafael Moneo
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El Prado amplía su Horizonte
Iniciada en Marzo de 1995 con un fallido concurso internacional, que se declaró desierto, la imprescindible ampliación del Museo del Prado no pudo empezar peor. Tampoco mejoró la ansiedad colectiva generada al respecto la resolución del segundo concurso, esta vez restringido, a finales de 1998, no porque el arquitecto ganador, Rafael Moneo, suscitase dudas, sino porque el excesivo e innecesario intervencionismo político y deficiente explicación pública del proyecto alentaron la inquietud general, que fue inmediatamente aprovechada por incompetentes y desaprensivos para generar una absurda polémica mediática, que amenazó seriamente con frustrar su realización. Es importante recordarlo ahora, pero no para repara las injusticia que se cebó sobre un gran arquitecto español, de indiscutible crédito internacional, ni tampoco, aunque más, por lo que, otra vez reveló el frívolo tratamiento de la quizás más prestigiosa institución cultural de nuestro país, sino por el afortunado final feliz de esta melodramática comedia de enredo.
Muy sumariamente resumidos, he aquí los argumentos, desde mi punto de vista, más decisivos para celebrar la ya concluida fase de la ampliación del Museo del Prado: en primera lugar, el funcional de, por fin, resolver las angosturas del histórico edificio, asediado pro mil problemas para cumplir con las exigencias de su modernización técnica y su adecuado servicio público; en segundo, el histórico-artístico, que comprendían tanto el respeto al edifico de Villanueva, como su delicada inserción en una zona urbanística de Madrid muy sensible; y tercero, el estético, ya que el proyecto, a pesar de las nada triviales cortapisas mencionadas, no debía, en principio, desmerecer en comparación con las espectaculares ampliaciones de otros museos internacionales de parecido rango.
Como ahora se ve, la designación de Moneo para llevar a cano esta muy difícil empresa ha sido un acierto, al margen de lo que éste a priori tuviera todos los títulos y reconocimientos. No en balde Moneo fue autor de la nuevo Estación de Atocha y el Museo Thyssen-Bornemisza, y, por tanto, estaba particularmente cualificado para entender este complejo y decisivo tramo de la ciudad. Pero además había demostrado, durante su ya larga trayectoria una capacidad para sustraerse a la retórica y funcionar con esmero en los márgenes de actuación más estrechos. En realidad, ha logrado una obra perfectamente integrada con la de Villanueva, acertando al prolongarla por su espada, no sólo porque de esta manera continua y la realza, sino porque ha salvado con limpieza el engorroso problema de conjugar los Jerónimos y su famoso claustro al conjunto, que ahora, en efecto, lo es, y no, como antes, de una simple manera fáctica. Más: ¿Cómo no reparar y apreciar la brillante sintonía inesperada entre la ampliación del Moneo y, salvando la travesía el paseo del Prado, el edificio frontero que, en 1949, diseñaron Francisco Cabrero y Rafael Aburto como Casa Sindical, hoy Ministerio de Sanidad? Y aún: ¿Cómo no quedarse verdaderamente complacido por el refinadísimo y muy meditado cuidado de los detalles, materiales, texturas, luces, colores, perspectivas, ornatos (¡que maravilla la puerta de Cristina Iglesias!), ajardinamiento (¡qué adecuada e importante, si tiene en cuenta la vecindad con el Jardín Botánico, la rasante plantada de macizos de boj!) y recorrido exterior, con el de ese conquistado paseo ambulatorio desde la Puerta de Goya, que así ha dejado de ser el embudo que había que retrepar hacia las calles de Felipe IV o Ruiz Alarcón?

Por lo demás, es evidente que la ampliación de Moneo se ha apartado de la moda de los edificios como espectáculo, que se han cebado especialmente en el diseño, rediseño o ampliación de museos, pero ¿no será precisamente por eso, desde luego, la solución más original, admirada y, desde mi punto de vista, admirable? ¿No estaremos, pr una vez, verdaderamente a la vanguardia, y no, como casi siempre, siguiendo tarde y mal lo que hacen los demás, se ajuste o no a la que de verdad nos conviene? Sin duda, cada cual podrá opinar lo que quiera, pero me atrevo a pronosticar que el modelo de la ampliación del Prado inicia una nueva senda en la remodelación de museos históricos, muy concordante con la etapa dorada que hoy vive, se mira por donde se mire, la institución. A tan sólo doce años de la conmemoración de su bicentenario, ¡a fe que el Museo del Prado se merecía este rumbo venturoso!
Fuente:
El País. 28/04/2007
Por: Francisco Calvo Serralles.
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“La arquitectura es como hacer un solitario”
ENTREVISTA: -Arquitectura- Rafael Moneo
El nuevo Prado se abrió el 1 de Julio, será inaugurado oficialmente el 30 de Octubre con una exposición de Pintura Española del siglo XIX. Con motivo de esta gran celebración he aquí la entrevista al arquitecto Rafael Moneo realizada por Santiago Segurola en el periódico el País, sobre su obra de ampliación.
“He querido proceder de la manera más juiciosa”, dice Rafael Moneo (Tudela, 1937) para referirse a la ampliación del Museo del Prado. El resultado es de varios órdenes. Por un lado, el prisma que se levanta a la espalda del viejo museo. Por otro, la solución del carácter urbanístico con una parte casi oculta de la ciudad.
Pregunta. En la ampliación del Prado se observa un deliberado diálogo con el viejo museo y una solución urbanística para la casi oculta espalda del museo. Leer el resto de esta página »
Respuesta. A mi me hubiera gustado contribuir a prolongar la vida del Prado ola vida de la arquitectura de Villanueva procediendo de la manera más… iba decir útil… de la manera más juiciosa. Las arquitecturas buenas se protegen a sí mismas. El Prado, sobre el que tantas intervenciones se han hecho, ha sido capaz de mantener a pesar de todo si identidad y su integridad. Esta intervención me ha llevado a continuar esa conversación con todo lo existente y con todo lo que ya se había producido, y en cierto modo a mejorar las condiciones del edificio con la topografía, no una topografía natural, sino con la nueva topografía que había construido la ciudad. Hemos olvidado que la espada del Prado era un terraplén no resuelto. La operación nueva establece una relación más afín entre las calles adyacentes y el edificio, que ahroa tiene la posibilidad de ser entendido por el envés.
P. Hasta octubre no se accederá al museo por la puerta Velásquez. Como arquitecto, ¿Qué relevancia tendrá ese momento?
R. El tránsito de la puerta de Velásquez al claustro dará pie a enseñar la estructura de la arquitectura de Villanueva. Creo que hasta que no sea posible ese desplazamiento desde Velásquez hasta el claustro, la percepción de la ampliación del Prado estará todavía en suspenso. Y cabe decir que está en suspenso.
P. ¿Cómo ha asumido los cambios con respecto al proyecto original?
R. Los cambios en el desarrollo del proyecto se producen como reacción a las críticas alrededor del año 2.000. Están en las hemerotecas. No hay ningún inconveniente en reconocerlo. Así como la planta no se ha tocado, el proyecto ha sufrido dos o tres cambios sustanciales que no sólo no importan, sino que reconozco con gusto ahora. Quizá el más relevante tenga que ver con la cubierta del vestíbulo. ¿Cómo vamos a ver este techo de cristal que ni tiene los atributos de seguridad que acompañan al Museo y está más próximo a lo que se puede entender como un supermercado o una estación de autobuses, un centor comercial? La respuesta a esto fue colocar un jardín en la cubierta…
P. ¿Considera que la solución de los parterres…?
Tags: arquitectura, entrevista, Museo del Prado, Rafael Moneo
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