En las alturas de Madrid
Algo se cuece en lo algo de las cuatro torres. A 250 metros de altura, los rascacielos esconden su particular tesoro. Es la ventaja de vivir en la cumbre: puedes vigilar a todos, pero nadie te puede ver.
Hace algo más de un año un alto empleado de Inmobiliaria Espacio solicitó una reunión con Juan Miguel Villar Mir: “Presidente –le preguntó- ¿hacia donde quiere que mire su despacho, a la Castellana o a la sierra?”. El empresario no lo dudó “quiero ver las montañas”. Acto seguido, el empleado volvió a preguntarle, “Nos han dicho que tenemos la posibilidad de construir algo singular en lo alto del rascacielos, “¿quiere algo en particular?”. Después de varios días de meditarlo, Villar Mir llegó con la solución: una pista de padel y una piscina climatizada.
Los que las han visto dicen que serán la envidia de los grandes “tiburones” de la capital. Una obra de ingeniería que no se verá afectada por las enormes corrientes de aire que surcan la azotea. La piscina será cubierta y la pista de pádel también estará parcialmente resguardada. Otras informaciones aseguran que el presidente del grupo constructor se ha construido un auténtico apartamento de lujo en la última planta del rascacielos, que tiene previsto abrir sus puertas.
La torre de la Mutua Madrileña (abrirá a mediados de 2008) también ha apostado por la singularidad. El proyecto original de la compañía de Ramirez Pomatta recogía la construcción de un invernadero y un faro en lo algo del edificio. El bosque, inspirado en el jardín tropical de la Estación de Atocha, está concebido como zona de esparcimiento para los empleados que van a trabajar en el edificio. El faro, por su parte, pretendía buscar “efecto visual” y que la torre pudiera ser divisada y localizada desde cualquier parte de la Comunidad de Madrid.
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Tags: arquitectura, Madrid, Norman Foster, Torre Espacio, Torre Mutua, torre Repsol, Torre Sacyr
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Foster diseña un aeropuerto de lujo para los turistas espaciales
La terminal acogerá aerolíneas para ricos que viajarán en pocas horas entre continentes
El recinto, en Nuevo México, se abrirá en el 2010 y costará unos 140 millones de euros

“Quien vea este proyecto como una extravagancia para millonarios está equivocado. Es la industria del futuro”. Benjamin E. Woods, uno de los miembros de la Autoridad del Puerto Espacial de Nuevo México (NMSA, en sus siglas en inglés), no parece un soñador. Es miembro de una agencia estatal que invierte 100 millones de euros de los contribuyentes de este estado fronterizo para construir un aeropuerto espacial (el coste total del proyecto es de 140 millones) que estará operativo en el 2010. Y esas cifras de inversión pública, en EEUU, son palabras mayores. Pero es que Nuevo México tiene un plan: convertirse en el Cabo Cañaveral de la industria privada del espacio. Y para ello, la “extravagancia para millonarios” es solo la base a partir de la cual crecer.
Woods habla y no para en la sede de la Universidad del Estado de Nuevo México del aeropuerto espacial. Grandes plafones muestran el diseño conjunto de una empresa de EEUU y el estudio de Norman Foster, una terminal futurista en pleno desierto, en Las Cruces. “Es difícil de creer, pero es real y está aquí”, explica mientras un vídeo muestra una recreación de lo que experimenta-
rán los turistas que paguen 140.000 euros: siete minutos en el espacio. “Puertos y aeropuertos siempre han traído desarrollo económico. Lo mismo ocurrirá con los aeropuertos espaciales”, explica.
El primer paso para Nuevo México ha sido ganar la exclusividad del proyecto turístico de Virgin. El paquete incluirá hoteles de lujo en Nuevo México para el astronauta accidental y su familia, así como un entrenamiento de cuatro o cinco días a cargo de especialistas. Una de las pruebas, por ejemplo, será un test centrífugo para comprobar el límite del vómito. Pasado el cursillo, seis afortunados volarán en la nave espacial que ha diseñado la compa-
ñía de Richard Branson. Es tan seguro y al alcance, físico, de todo el mundo, asegura Branson, que cuando él vuele llevará consigo a sus dos hijos y sus padres, ya nonagenarios.
Experiencia Global
A Nuevo México, Virgin le servirá para poner en el mapa su aeropuerto espacial, un moderno diseño concebido también como museo y, en un concepto tan estadounidense, como “una experiencia global sobre el espacio”. A partir de los ingresos generados, la NMSA ya trabaja en otros proyectos, que se basan en crear una especie de aerolíneas de alto coste ahora que el mercado va hacia lo contrario, compañías baratas.
Según Woods, estas aerolíneas de lujo serán capaces de unir Nueva York y Londres en media hora de vuelo suborbital u orbital, a lo que habría que añadir el tiempo de despegue, alcanzar la órbita y descender. En cualquier caso, mucho menos tiempo, por ejemplo, que el Concorde. La compañía de mensajería FedEx ultima un acuerdo con Nuevo México y otros aeropuertos espaciales que permitirá, por ejemplo, enviar paquetes y mercancías desde EEUU hasta Japón en unas tres horas. Una empresa estadounidense calcula que en el 2021 solo los turistas espaciales generarán más de 500 millones de euros.
Iniciativa Privada
El objetivo es que la iniciativa privada tome el lugar que hasta ahora tenía la NASA y algunas agencias públicas de otros países. Solo en EEUU hay en marcha de forma más o menos avanzada siete aeropuertos espaciales. En todo el mundo, la cifra supera la veintena. Branson no es el único mecenas implicado. Jezz Bezos, fundador de Amazon, ya ha ensayado un prototipo de nave para viajes personales. John Carmack, cocreador de los videojuegos Doom y Quake, ha creado en Tejas la empresa Armadillo Aerospace, que trabaja en un vehículo suborbital y en cohetes para llegar a la Luna. Otros proyectos en ciernes incluyen servicios de mensajería a la Estación Espacial Internacional y hoteles flotantes en órbita.
Fuente:
El Periódico 30/09/2007
Joan Cañete Bayle / Enviado Especial Las Cruces
Foto: Maqueta del aeropuerto de Las Cruces, diseñado por una firma de EEUU y el estudio de Norman Foster.
Tags: Aeropuerto de Las Cruces, arquitectura, Norman Foster, proyectos
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Bodegas de Foster en la Ribera del Duero

El grupo Faustino ha encargado al estudio de Norman Foster el diseño de las nuevas Bodegas Portia en Gumiel de Izán, localidad burgalesa incluida dentro de la denominación de origen de vino de la Ribera del Duero. La respuesta arquitectónica del británico propone un edificio extenso, pero de poca altura, que se integra en la topografía del terreno y con ello, en el paisaje del entorno. La planta del complejo incluye tres naves en disposición radial, destinadas a albergar las distintas fases de la producción del vino. Asimismo, una cubierta transitable en rampa posibilita el acceso de los tractores hasta la pieza central del edificio, donde se realiza la descarga y el almacenamiento de la uva tras la recolección.
Los materiales previstos en la construcción, -madera, vidrio y acero- están asociados tradicionalmente a la producción vinícola. Una serie de paneles fotovoltaicos ocupan las zonas no transitables de la cubierta, contribuyendo así al ahorro energético en el funcionamiento de las instalaciones. Con este proyecto el nombre de Norman Foster pasa a engrosar la lista de arquitectos contemporáneos que han contribuido al diseño de bodegas “con firma” dentro del panorama vinícola español, un grupo entre los que ya figuraban autores como Santiago Calatrava o Frank Gehry.
Fuente: Arquitectura Viva Nº 111
Tags: arquitectura, Bodegas Portia, Norman Foster
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Foster en Alcañíz, Ciudad del Motor.

El creciente interés que despiertan en nuestro país las competiciones de motor a raíz de los éxitos cosechados por los pilotos españoles tanto en motociclismo como en Formula 1, llevó al Gobierno autonómico aragonés a impulsar la creación de un complejo de 350 hectáreas dedicado por completo al mundo del automóvil en la localidad de Alcañiz, al norte de la provincia de Teruel, con una iniciativa destinada a recuperar una zona tradicional aislada y deprimida. El programa requerido incluía, además de los circuitos – uno de velocidad y uno de karting, ambos de categoría internacional, y varios de tierra-, un centro tecnológico y una “unidad de ocio” dotada de un complejo multifuncional, hotel, residencia, centro de tecnificación deportiva, zona comercial y centro de negocios. Cinco equipos invitados a participar en el diseño de la Ciudad del Motor: el de Norman Foster, los de los franceses Jean Nouvel y Dominique Perrault y los estudios holandeses UN Studio y MVRDV –que se presentó junto a Guillermo Reynes-. Finalmente resulto elegida la propuesta del británico, que fue valorada por el jurado como “la mejor y más adecuada a las bases” y la que aportaba “mayores garantías técnicas funcionales”. El proyecto concentra los diferentes módulos del área del ocio, comunicados entre sí por calles internas, y unifica todo el conjunto a través de una cubierta ondulante. El estudio de Foster abrirá próximamente sucursal en Madrid, donde tiene actualmente varios proyectos en curso: la torre Repsol y los edificios de la Ciudad de la Justicia.
Fuente:
Revista Arquitectura Viva, 110.
Tags: Alcañiz, arquitectura, Ciudad del Motor, Norman Foster, Teruel, unidad de ocio, urbanismo
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Nueva York, un paso atrás

La isla de Manhattan tiene una nueva hambre. El hambre de nuevas construcciones firmadas por grandes nombres. Después de la traumática pérdida de edificios-símbolo como las Torres Gemelas, Nueva York vive una etapa intensa de renovación urbana. Richard Meier, Jean Nouvel, Renzo Piano, Bernard Tschumi, Santiago Calatrava, Frank Gehry, Norman Foster o Richard Rogers son algunos de los arquitectos con proyectos en la ciudad de los rascacielos.
Warhol decía que hasta los árboles trabajan sin parar en Nueva York, procurando día y noche el oxígeno que consumen sus habitantes y sus industrias. Y algo así puede decirse ahora de la actividad constructora, que no acusa la crisis del sector en el resto del país sino que parece intensificarse sin fin. Una nueva moda -cuyo punto de arranque fueron las torres de apartamentos de Richard Meier frente al Hudson- está modificando el real estate, ahora necesitado de la plusvalía del autor e incluso del toque europeo en algunos casos. El tablero de juego se modifica paulatinamente y todos mueven pieza, estableciéndose diferentes frentes. El de los europeos es cuando menos curioso. Jean Nouvel termina en Soho, en Mercier Street, unos apartamentos que han sorprendido por lo último que podría imaginarse viniendo de Nouvel: por ser indiferentes, una emulación de la tipología de fachada de hierro fundido un tanto rutinaria, “engordando” las dimensiones esperables de los elementos, seguramente por los códigos americanos (un engorde que acusan otros edificios como el Hearst de Foster). Leer el resto de esta página »
Pero no es el único en dejar un sabor agridulce y quizás sea mejor no comentar los delirios de Calatrava cada vez más ensimismado en su genialidad cursi, ni la fealdad de los azulados volúmenes residenciales construidos por Bernard Tschumi, compitiendo posiblemente en la carrera por el muro cortina más vulgar jamás levantado… Herzog & De Meuron terminan un lujoso bloque de apartamentos para Ian Schrager en Bond Street cuya interpretación de la fachada de hierro fundido es sorprendentemente sofisticada, envolviendo acero inoxidable semicilíndrico en tubos de vidrio con similar sección creando un juego de reflejos hipnótico, que absorbe la luz solar dejando dibujada una retícula como de líneas de neón que captura instintivamente la mirada del peatón… Rem Koolhaas, el autor de Delirious New York, con una pequeña oficina abierta a pesar de sus desencuentros con la ciudad, realizará unos apartamentos en Nueva Jersey así como el importante proyecto que desarrolla para Cornell (Ithaca), pero nada en Nueva York. Nada, tampoco, de Peter Eisenman, el otro arquitecto, éste americano, cuya biografía está tan unida a Nueva York como lo está la de Woody Allen y aún sin estrenar en la ciudad. Sin embargo, el otro maestro americano, Frank Gehry, ha terminado su primer edificio en Manhattan, una pequeña pero interesante alcachofa de vidrio serigrafiado que consigue bellísimos efectos plásticos con un material más comercial que el titanio y que, pese a tratarse de una imposición del cliente, parece haberle gustado pues lo empleará de nuevo a gran escala en París para la Fundación Louis Vuitton.
Al sur de Manhattan, como si el lugar estuviese maldito, David Childs (SOM), tras apoderarse del plan de Libeskind para la “zona cero” y destrozar patéticamente lo poco que tenía de bueno el original (su carácter simbólico y coreográfico), propone lo que, si llega a materializarse, será el mayor símbolo de la historia representando exactamente lo contrario de lo que quiere representar: la Freedom Tower con su base maciza antibombas, su geometría bastarda de la de Libeskind y su patética coronación (los molinos de viento como imagen de la libertad no dejan de hacer risa a toda la profesión y The New York Times ya ha avisado varias veces del dislate) será sin duda el mayor símbolo de la decadencia del imperio y de la falta de la libertad, genio y pulso creativo que lo hicieron grande. No contento con ello, se ha rodeado de un coro de torres firmadas por Foster, Rogers y Maki, supuestamente coordinadas (de hecho se trabaja en una misma oficina en el sitio), cuya total falta de sentido coreográfico e incluso del valor individual que por lo menos Foster y Maki habitualmente exhiben culmina el sinsentido que todo el lugar ha adquirido en manos de su propietario Silverstein (sólo el elegante muro cortina y el lobby de James Carpenter que envuelve la WT7, ya construida, puede dar lugar a un comentario positivo). Merece mención aparte la debilidad del proyecto de Norman Foster, pues se trata de un lugar en el que ensayó una de sus propuestas en altura más bellas, reproducida más tarde en la portada del catálogo de la exposición Tall Buildings del MOMA, cuyo trasunto pragmático, la Hearst Tower, ha terminado acertadamente más arriba en Manhattan, en la Octava Avenida, reduciendo su silueta característicamente diagonal astutamente a las esquinas de modo que sin el más mínimo riesgo tipológico se consigue el máximo efecto icónico.
Tags: arquitectura, Bernard Tschumi, Frank Gehry, Jean Nouvel, Manhattan, Norman Foster, Nueva York, Renzo Piano, Richard Meier, Richard Rogers, Santiago Calatrava, urbanismo
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