Las formas del agua
La Expo de Zaragoza, dedicada al desarrollo sostenible, se abre el próximo sábado. William J. R. Curtis, uno de los críticos de arquitectura más prestigiosos de Europa, destaca el Pabellón de España y el Palacio de Congresos en un conjunto con aires de “centro comercial gigantesco”

Las exposiciones internacionales tienen la fama de ser acontecimientos con mucho despilfarro en los que se gastan cantidades ingentes de dinero en estructuras temporales y retórica vacía, pero es verdad que a veces producen una arquitectura realmente interesante. La Expo Zaragoza 2008 no es una excepción, ya que contiene algunas estructuras que no estarían fuera de lugar en un parque de atracciones y otras que encarnan una verdadera ambición arquitectónica. Acontecimientos como éste brindan a la ciudad anfitriona la oportunidad de renovar sus instalaciones urbanas, una oportunidad que, en demasiadas ocasiones, se desperdicia por una pobre planificación de los terrenos, por cálculos a corto plazo y por gestos formales sin sentido. El visitante que llegue a Zaragoza en tren podrá acceder a la Expo cruzando el Ebro a través de un enorme puente cubierto para peatones, adornado con curvas de brillante metal. Este ejercicio deliberado de formalismo diseñado por Zaha Hadid, supuestamente tomando como modelo un gladiolo cerrado, resulta un tanto desproporcionado y es un presagio de lo que está por venir. A la entrada de la exposición hay una caja de acero en la que hay grabadas citas históricas sobre el agua. En una de ellas, un sabio oriental nos recuerda que una espada no puede cortar el agua porque el agua sencillamente fluye alrededor de su filo. Uno hace bien en tener esta sabiduría ancestral en mente al valorar la arquitectura de la Expo. Se han llevado a cabo enrevesados intentos de imitar formas naturales, gotas de agua, salpicaduras y olas con materiales sólidos como el cemento, el acero y el vidrio.
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Tags: Expo Zaragoza 2008, Las formas del agua
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