La última joya de Miralles
El edificio de la nueva sede de Gas Natural refleja todo el paisaje urbano que lo rodea gracias a una fachada recubierta con cristales ligeramente distorsionados, en cuatro tonos de azul. Una torre de veinte plantas de la que surge un imponente voladizo es la última obra póstuma de Enric Miralles, un arquitecto creativo y osado que convirtió en edificio el paisaje frente al mar de Barcelona.

El arquitecto Enric Miralles veía desde su habitación en un hospital de Houston las nubes reflejadas en el edificio de enfrente. Estaba construyendo en Edimburgo el Parlamento de Escocia y tenía el encargo de levantar en Barcelona el que debía ser su primer edificio en altura, y aquellos reflejos decidieron la textura que tendría la piel de su único rascacielos. Miralles, uno de los mejores y más prometedores arquitectos españoles, fallecido en el 2000 a los 45 años, no llegó a ver acabadas algunas de sus principales obras (el Parlamento, el mercado de Santa Caterina en Barcelona), pero dejó planos, maquetas y directrices que su esposa y socia, Benedetta Tagliabue, ha hecho realidad. La última joya de su herencia es el edificio de Gas Natural.
Leer el resto de esta página »
Tags: arquitectura, Benedetta Tagliabue, edificios en Barcelona, EMBT, Enric Miralles, nueva sede de Gas Natural
Te puede Interesar:
La academia de lo insólito
El arquitecto Enric Miralles murió inesperadamente en 2000 dejando el proyecto de la biblioteca del Ayuntamiento de Palafolls en la primera etapa de cimentación. Pero la obra continuó a cargo de su socia y viuda, Benedetta Tagliabue, y ha logrado llegar al final manteniendo la compleja singularidad de sus autores. La biblioteca se planteó semienterrada para tener siempre delante un jardín en pendiente que ocultase la visión del entorno
Han pasado diez años desde que el Ayuntamiento de Palafolls, un pequeño pueblo del Maresme barcelonés situado en el límite con la provincia de Girona, convocara un concurso para hacer una biblioteca en la periferia del casco urbano. Demuestra este municipio una inquietud poco usual, que ya le hizo darse a conocer por haber encomendado el pabellón deportivo “el Palauet” al arquitecto Arata Isozaki, concluido en 1997, el mismo año en que se premió el proyecto de biblioteca de Enric Miralles y Benedetta Tagliabue. Las dudas suscitadas por este encargo en el pueblo debieron ser múltiples, en parte por el carácter genial e imprevisible del autor principal, pero sobre todo porque en el verano de 2000 Enric Miralles murió repentinamente cuando las obras apenas se hallaban en fase de cimentación. Siete años después el edificio es una espléndida realidad, y como obra póstuma, un luminoso epílogo que cierra la serie de obras gestadas en vida de su autor.
Puede parecer un misterio el que una obra tan singular se concluya con éxito después de la desaparición de la mano maestra, pero si pensamos que además de un digno oficio, la arquitectura es también una pasión, podemos intuir la capacidad que tenía Miralles para que su quehacer aparentemente personal e intransferible no sólo se haya prolongado sino ramificado en dos importantes estudios como el de Carme Pinós, su primera socia, y el de Benedetta Tagliabue, sucesora a cargo del estudio del Pasatge de la Pau. La pasión es contagiosa y sin duda podrán hablar de ello los múltiples y excelentes colaboradores que han seguido y apoyado la trayectoria de Enric Miralles desde sus comienzos hasta esta última obra, en la que tanto han tenido que ver los arquitectos Josep Miàs al comienzo y Josep Ustrell y Makoto Fukuda en todo su desarrollo. Ese carácter de aventura colectiva que provoca una obra como la suya puede ser la explicación para tan insólita academia de la singularidad, sobre todo cuando estamos ante una arquitectura de fuerte componente artesanal, tanto en su génesis como en su realización.
La biblioteca de Palafolls, que se llamará Enric Miralles por decisión municipal, nació como embrión replegado sobre sí mismo, en una primera intuición por aislarse de un entorno imprevisible, aunque después esta propuesta unitaria buscara la apertura hacia un pequeño parque y se fragmentara, en palabras de Benedetta Tagliabue, “como se corta un pan en rodajas”, de forma que los restos del espacio fracturado finalmente se proyectaron al exterior mediante líneas que hoy abren la biblioteca al parque de forma controlada. Hay una serie de dibujos de Miralles que plasman muy claramente estas intenciones en los estadios intermedios del proyecto: se ve en ellos una gran preocupación por la forma de relacionarse con el exterior, de modo que el muro externo compuesto por pliegues y embocaduras se representa más como un generador de espacios ambiguos que como una simple frontera, tal y como el bosque cobija pero abre a la vez los caminos de la luz.
Leer el resto de esta página »
Tags: arquitectura, biblioteca del Ayuntamiento de Palafolls, Enric Miralles
Te puede Interesar:






