Insertar, Sumergir
Los arquitectos Antonio Corona Bosch y Arsenio Pérez Amaral, con base de operaciones en las Islas Canarias, devuelven al edificio su valor en ele entorno natural, más allá de ser un icono estéril. En una exposición sobre su obra recientemente presentada en el Gabinete Literario de Las Palmas de Gran Canaria, Antonio Corona Bosch y Arsenio Pérez Amaral (www.coronaypamaral.com) han efectuado una mirada retrospectiva sobre su trayectoria organizando su obra reciente a partir de dos conceptos: inmersiones e inserciones.
Vivienda en Jardín del Sol (Tacoronte, Tenerife)
El estudio dirigido pro estos dos arquitectos, establecido en Santa Cruz de Tenerife, se estableció en 2002, tras concluir Corona y Pérez Amaral la asociación que integraron a partir de 1989 junto a Eustaquio Martínez García, denominada N-3. Desde ese año, han venido construyendo obras fundamentalmente localizadas en Tenerife, entre las que destacan la estación Jet Foil (1989), el paseo marítimo en El Médano (1996), el edificio residencial Los Molinos (2003), el aeropuerto de Tenerife Norte (2003) –una de las obras incluidas por Terence Riley en su exposición para el Moma On Site: New Arquitectura in Spain- o la vivienda en Jardín del Sol (2005).
Moderno y tradicional. La noción del establecimiento de un vínculo con el lugar, con le paisaje –donde el edificio, la intervención arquitectónica, pasa a hallarse inmerso o a insertarse- resulta crucial a la hora de señalar el eje que define el trabajo de estos arquitectos, una actividad que –como indica Gabriel Ruiz Cabrero- se ha venido caracterizando por su capacidad para combinar el uso de la modernidad el uso de la moderna tecnología con la adaptación de la obrería tradicional isleña, y que en sus obras más recientes parece hallarse embarcada en una exploración de las cualidades cristalinas en sus edificios, abriéndose hacia una nueva dirección de búsqueda en la materialidad de su arquitectura.
“Inmersiones” e “Inserciones”, los términos elegidos por los propios arquitectos para sintetizar tanto su actitud frente el trabajo como su actitud frente al entorno, deben ser comprendidos ante todo como los conceptos que definen el modo de presencia de su arquitectura. Emplean el termino “inmersiones” para definir el vínculo existente entre aquellos proyectos en los que buscan que la arquitectura “se sumerja, que sea como un silencio, que pase desapercibida”; mientras que al hablar de “inserciones”, aluden a la concepción de obras que planteen una interacción con el paisaje, en el que la arquitectura no persigue la mimetización con éste.
Consistencias. La arquitectura de Corona y Pérez Amaral debe su valor al profundo respeto por la consistencia de la obra construida: situada en entornos urbanos o emplazamientos naturales, se trata de una forma de proceder que opera desde una exacta precisión, expresándose desde una discreción que llama la atención a través de su sólida serenidad y el cuidado de sus formas, para garantizar la adecuada y coherente manera de integrarse en el lugar, partiendo de una comprensión de la arquitectura como medio que debe servir para generar condiciones de bienestar basadas sobre todo en un disfrute sensorial de las cualidades del lugar.
Una cuestión que queda definitivamente patente en la preocupación con que afrontan el diseño de vivienda colectiva urbana. El fin primero de su arquitectura es actuar como mediador entre individuo y paisaje antes devenir un elemento que reclama protagonizar el paisaje: éste es un rasgo fundamental de su modo de hacer, en el cual queda patente su tácita oposición a la idea de arquitectura objetual.
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Tags: Antonio Corona Bosch, arquitectura, Arsenio Pérez Amaral
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