Arquitectura de Segundas Oportunidades

En la zona noreste de la ciudad de Pekín, en un tiempo región periférica, se construyó durante la década de los años cincuenta el barrio más importante de industria electrónica de la capital. Este gran complejo industrial acabó llamándose Jiuxiangqiao. La zona industrial electrónica de Jiuxiangqiao, incluida la fábrica 798, se construyó con la ayuda de la antigua Unión Soviética, y sus diseños corrieron a cargo de ingenieros de la extinta República Democrática de Alemania.
Durante aproximadamente treinta años mantuvo su influencia productiva, y, a partir de los años ochenta, inició su decadencia hasta que cayó finalmente en el abandono. Hacia 1995 el Instituto Central de Bellas Artes alquiló a un precio ridículo, como por casualidad, una de aquellas naves y, a partir de ese momento, un goteo de escultores, galeristas, curadores y libreros fueron ocupando esos espacios hasta convertirse en el barrio artístico de vanguardia más importante de China: Fábrica 798. Este es un caso de colonización natural del espacio que demuestra la capacidad urbana de autorregenerarse, de adaptarse a nuevos usos. La facultad del hombre para acomodarse a la arquitectura y no al revés.
Pequeña ciudad productiva. Durante la pasada Semana de la Arquitectura se programó una visita guiada al complejo Matadero-Madrid que se encuentra en plena eclosión cultural. Esta pequeña ciudad productiva, como la calificó su arquitecto Luis Bellido a principios del siglo XX, guarda ciertos paralelismos con la experiencia de Pekín, pero, a diferencia de ésta, su historia ha sido tutelada desde sus inicios hasta la actualidad por la municipalidad, otorgando a la iniciativa un carácter institucional lejos de la espontaneidad desbocada del caso oriental.
En 1907, Luis Bellido es «honrado», según sus palabras, por la Alcaldía, en su calidad de Arquitecto Municipal de Madrid, con el encargo de la redacción del proyecto para un nuevo y moderno matadero. Este encargo se produce tras haber sido despojado del premio otro arquitecto ganador de un concurso previo, práctica todavía habitual en algunos círculos. Para ello realizó un viaje por media Europa, a cargo de su bolsillo, visitando mataderos alemanes, holandeses e italianos y empapándose de las lecciones sobre arquitectura industrial impartidas por Bherens en Berlín, con su Fábrica de Turbinas, o de la escuela de Berlage en los Países Bajos. Bellido trató de recuperar para Madrid la vanguardia tecnológica de la época y la disposición racional de los mataderos alemanes, aunque adaptándose a una pequeña particularidad que él consideraba condicionante: la naturaleza especialmente indómita del ganado español. Sobre el rigor técnico y especialmente austero de las estructuras de las naves planteó un vestido neomudejar de pretendido y un tanto anacrónico carácter nacional.

Matadero de Madrid, Casa del Lector
A modo de máquina. La ciudad-matadero, aún tratándose de una máquina industrial, disponía de viviendas para sus operarios, y por ello había en ella algo de Coqueville, de las aspiraciones falansterianas de Fourier y, desde luego, el señor Bellido tenía noticias de los informes prosociales nacidos de los inicios de la Revolución Industrial, después de 1800, y, por tanto, aplica los remedios para la ciudad enunciados por Saint Simon, Cabet y Considérant. Durante más de sesenta años, la pequeña ciudad ejerció con éxito su actividad dedicada al sacrificio de las reses hasta que -también como el barrio de Jiuxiangqiao- cayó en el olvido y el abandono.
Matadero-Madrid se suma hoy a otras experiencias donde el arte y la cultura han tenido que buscar nuevos espacios urbanos capaces de adaptarse a sus exigencias. Lo que en otro tiempo se diseñó según criterios de producción industrial, ahora se rehabilita según criterios de producción artística en el centro de las grandes ciudades. La reconversión de estas nuevas ruinas del siglo XX en centros para la creación vuelve a abrir el debate sobre la intervención en el patrimonio, sobre la rehabilitación, sobre la restauración, permitiendo explorar sus márgenes.
Aparecen soluciones donde el tradicional interés cultural e histórico de la ruina cede el paso al interés expresivo y material de lo viejo. En muchas ocasiones, únicamente se conserva la memoria tipológica o estructural de su pasado industrial.
A falta de ejemplos. El antiguo centro de Pompas Fúnebres Municipal de París -llamado ahora 104 Aubervilliers- gestionará a partir de 2008 treinta y cinco mil metros cuadrados destinados a la creación. También en París, en pleno barrio dieciséis, se abrió en 2001, en el antiguo Palais de Tokio, el Pabellón, un laboratorio constante de vanguardia. Urbain Vitry, arquitecto e ingeniero francés, levantó en Toulouse a mediados del siglo XIX Les Abbatoirs, edificio que, a partir del año 2000, se ha convertido en la referencia artística de la ciudad. De nuevo en Francia se abre para usos culturales ese mismo año Lieu Unique, una antigua pastelería de Nantes construida a principios de 1900 por Auguste Marie Joseph Bluysen. PS1 en Nueva York, afiliado al MoMA, es el museo americano más antiguo dedicado a arte moderno desde que en 1971 la iniciativa PS1 se dedicara a rehabilitar locales y edificios antiguos para estos menesteres.
Estos y otros centros, como Ex Mattatoio en Roma, ilustran la vigencia de esta tendencia donde cohabita el pasado industrial y el futuro del arte para resucitar tejidos urbanos necrosados y para demostrar que la capacidad del hombre para habitar, para colonizar espacios, nada tiene que ver, a largo plazo, con las intenciones dirigistas de la arquitectura.
Título Original: Una Segunda Oportunidad.
En el períodico ABC. Suplemento ABCD. 18/10/2007


