Aranguren y Gallegos: El proyecto ABC sobre el papel
Tienen entre manos varios proyectos de envergadura. Entre otros, la rehabilitación del Parador de Alcalá de Henares o el Museo de la Motocicleta en la misma localidad madrileña. Pero reconocen que intervenir el que será el futuro Centro ABC de Dibujo e Ilustración, en pleno corazón de la capital, es una empresa ilusionante pues supone «trabajar con un siglo de la Historia de este país».
Y no es para menos, en las manos y el buen hacer de José González Gallegos y María José Aranguren queda la habilitación del edificio cedido por el Ayuntamiento de Madrid en la calle Amaniel, muy cerca del Conde Duque, que acogerá una colección centenaria de más de 200.000 obras de primer orden, que sigue creciendo gracias a los Premios ABC de Pintura y Fotografía, y que se establecerá en un espacio activo de promoción, difusión y conservación de sus fondos.
¿Cómo se han planteado que ha de ser el futuro Centro ABC de Dibujo e Ilustración?
Nuestro proyecto se basa en la recuperación de una antigua fábrica de cerveza que hace unos años fue rehabilitada como archivo regional, pero que estaba en cierto desuso. Lo que proponemos es un diálogo entre una intervención nueva y un edificio existente en un tejido histórico. Nuestras intervenciones más fuertes se realizarán, con un carácter muy contemporáneo, en el patio interior, en un elemento de entrada que consiste en gran viga de celosía y en el remate del edificio.
Esa rehabilitación que mencionan que había sufrido el edificio, ¿dificulta la tarea o la facilita?
Facilita, en cuanto determina que posea una consolidación estructural resuelta, con un aprovechamiento de los sótanos que se diseñaron como archivo y que nosotros utilizaremos como caja de una gran sala de exposiciones de la institución. Tenemos mucho ganado. El problema se basa más en cómo responder a las limitaciones que plantea la propia ciudad, y es que estás interviniendo en un edificio que da a tres calles de dimensión reducida, que tiene que tener su propia presencia en la urbe, un fácil acceso, y un patio central que pronto vimos que era el motivo argumental desde el que mostrar el edificio y mostrarse a la ciudad. Una gran viga de vidrio con mucha presencia en la calle Amaniel marcará el paso hacia ese patio interior, y desde ahí la institución se muestra con su nuevo lenguaje: un diedro, dos planos oscuros de acero o aluminio pavonado con una serie de perforaciones muy expresivas que casi nos arrastra a introducirnos en el edificio. El resultado es como un imán que te atrae y te impulsa hacia adentro. Vamos a procurar recupar el tránsito de la ciudad desde este patio, algo que en Barcelona ocurre mucho y que en Madrid es algo residual: aquí, desde el metro de San Bernardo y la plaza de las Comendadoras se produce una vía de paso que aprovechando el patio interno del edificio desembocará en el Centro Cultural Conde Duque. El diálogo entre ambos centros está servido.
¿Cómo ha pesado el cliente, la apabullante historia de una colección como la de ABC?
Nos enfrentamos a una colección que es única, y que es la Historia del siglo XX en España. ABC siempre ha querido hacer una cosa muy cuidada. En todo momento se nos habló de hacer una pequeña Fundación Cartier en el corazón de Madrid. Se trata de un edificio que no es muy grande, unos 3.000 metros cuadrados, pero muy potentes. El resultado ha de ser muy exquisito. La Fundación ABC llevaba mucho tiempo desarrollando la idea y cuando la han lanzado lo han hecho teniendo muy claro lo que buscan: algo muy cuidado con una imagen de vanguardia.
¿Por qué cuestiones podremos decir que el edificio lleva su firma?
Creemos que el arquitecto no debe estar obsesionado porque su firma quede en cada obra. Entendemos que la intervención es simplemente eso: no adecentar, sino revitalizar el lugar. Nuestro lenguaje contemporáneo ha de sumarse al lenguaje existente y que dialoguen por similutud, por contraste o respeto. Quizás otros compañeros prefieran continuar el discurso preexistente o arrasar para levantar desde cero. Es suma de lenguajes y suma de tiempos. Es muy importante impregnarse del espíritu del lugar. Operamos de forma que, si fuera preciso, lo nuestro de algún modo se pudiera quitar y volviera a quedar lo antiguo. Funcionamos casi por capas. Nos define la separación entre lo nuevo y lo viejo, esa tensión entre dos realidades que casi se tocan, pero no se funden.
El resultado es un continuo juego de líneas horizontales y verticales, como un dibujo en el espacio.
Estamos hablando de una colección básicamente de ilustración, y sus autores han sido los maestros de la síntesis de la actualidad a través de unos trazos. Nuestra arquitectura ha de continuar el espíritu de lo que aloja: abstraer, sintetizar, esquematizar. La viga tradicional se abstrae con unos trazos que casi son líneas, y cuya suma es aquí una maraña. La plaza no deja de ser un pavimento y la fachada que da a la plaza es una superficie con un acabado con unos huecos que intentan abstraernos de la realidad y llevarnos a una nueva ficción que es ese espacio de vanguardia que queremos construir.
¿El Centro ABC responde a un nuevo Madrid?
El edificio sí que refleja lo que está pasando hoy en la ciudad, que está despertando, y le toma el pulso a su tiempo. El centro deja de ser algo sagrado en el que nunca se podía hacer nada. El apoyo del Ayuntamiento en este sentido es capital, pues permite la entrada en el tejido histórico con ganas y con el fin de darle una nueva imagen para evitar su muerte. Eso es lo que está ocurriendo con el edificio de CaixaForum, con el Matadero… Ya no se trata de rehabilitar fachadas, sino de que todo es posible en el tejido de siempre. El Ayuntamiento ha entendido que la forma de rehabilitar es revitalizar.
Fuente:
ABC 786 - ABCD Las Artes y las Letras
Arquitectura y diseño
Por Javier Díaz-Guardiola
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