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El verbo de Fernando Higueras

Fernando Higueras llega tarde al estudio donde se va a grabar el programa, acompañado por un joven familiar. Personaje histriónico. Barba y pelo blancos. Cara de viejo marino malhumorado. Llega rezongón, rumiando la palabra «camellos». Al instante, su ánimo recupera el entusiasmo para advertir a los entrevistadores: «Mi conversación va saltando de una rama a otra. ¡Vaya pájaro estoy hecho!». Los cuatro se sientan alrededor de la mesa. El joven, a su lado, para darle con el pie cuando se pierda en su monólogo desestructurado, o cuando sus críticas se dirijan a algún intocable, al igual que el joven que camina al lado del viejo ciego por los polvorientos caminos de tierra, cuidando que no se pierda por los bosques colindantes…

Reafirmando su comentario, corta sus frases bruscamente para hablar de otro tema aparentemente inconexo, lo que despista a los escuchantes que no le conocen. Justifica estas digresiones con un supuesto principio de Alzheimer, al que llama «Alféizar».

Grande entre los grandes. Fernando Higueras nació en Madrid en 1930, y en 1959 se licenció en la ETSAM. Además de dedicarse a la arquitectura, cultivó otras disciplinas artísticas como la música, la pintura, la escultura y la fotografía. Recibió en 1961, junto con Antonio Miró, el Premio Nacional de Arquitectura por el Edificio para Restauraciones Artísticas, conocido como la «Corona de Espinas» (actual sede del Instituto del Patrimonio Artístico Español). En 1983 fue seleccionado por el Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España para acceder al Premio Internacional de Arquitectura Pritzker. Este año nos ha dejado, pero en la memoria colectiva permanece su talento, su singularidad, algunas de sus obras y sus últimas excentricidades necesarias. Recupero una conversación reciente, a tumba abierta, como el mejor reflejo de su temperamento indómito bastante poco común.

En primer lugar, le felicité por el nombramiento de la «Corona de Espinas» como Bien de Interés Cultural. A partir de ese momento la conversación se convirtió en el mejor retrato de la personalidad y el talento de Fernando Higueras. Se arrancó: «Él único edificio declarado Bien? en vida de sus autores, por ser el más económico por metro cuadrado de la Ciudad Universitaria -abandona la falsa inmodestia-. Pero no creo que el nombramiento sea por el mérito de nuestro trabajo. Creo que es un artilugio para conseguir dinero y arreglarlo… Yo lo llamé el edificio de restauración de sí mismo porque nos lo paralizaron durante 21 años. A punto de terminarlo, cuando tan sólo habíamos gastado 78 millones, fue cesado Gratiniano Nieto, el director general de Bellas Artes que nos había dado el premio, y tras él desfilaron otros trece directores generales, cuyos nombres no recuerdo, pero sí que cada uno de ellos paralizaba el proyecto aprobado por el anterior para adaptarlo a un nuevo programa. Recuerdo que uno de ellos nos dijo: “Esto, en vez del Instituto de Conservación y Restauración, va a ser el Centro de las Artes y la Cultura”… Copiando al Centro Pompidou. ¿Y que quiere decir Pompidou? «Pompi»: culito; y «dou»: dulce? El culito dulce, que estaba de moda en aquellos años? Ése que tiene todas las tripas al aire, tripas innecesarias, de adorno, igual que si un modisto pusiera de moda que las chicas -falso cabreo- se sacasen las tripas y se envolvieran en ellas».

De birrias y artes. Prosigue: «Cuando yo era pequeño, la revista La Codorniz ya decía eso de el Círculo de Birrias Artes y le otorgaba la Medalla de Birrias Artes a quienes se creían grandes vanguardistas copiando a señores que hoy tendrían más de cien años, como Picasso o Kandinsky, que hizo su primera pintura abstracta en 1901? ¿Sabéis cuál es la principal asignatura que falta en la Escuela? El cuento. Yo creo que el talento en arquitectura, en pintura o en escultura es sólo un 20 por ciento. Se necesita un 80 por ciento de cuento, hay que saber venderse y hablar con petulancia, de forma que la gente apenas te entienda y piense que eres muy interesante…

En cambio, mi amigo Antonio López García, desde mi punto de bestia, el mejor pintor del presente, del pasado y del futuro, me dice cuando vamos a una exposición: “Esto es un pestiño”. Y yo ya le entiendo. No hay que hablar con petulancia… Y en arquitectura, lo mismo:
-”¿Qué te parece este edificio?
-Una cagarruta.
-¿Por qué?
-Porque es antiguo”.
Y ese fenómeno social que han construido, del que el alcalde de Bilbao siempre dice: “Higueras se mete con el Guggenheim porque él hizo algo parecido”. ¡Yo parí a la mamá del Guggenheim en el año 1969! Hoy tiene 33 años y es un edificio precioso».

Saber venderse. «Me parece que hay que saber venderse? Yo me sé vender negativamente. Tengo un 21 por ciento de talento y un -3 de saber venderme? Si viene un cliente a verme al estudio, se mea de risa conmigo, se hace amigo para siempre, pero no se le ocurre encargarme la obra. Os voy a decir el nombre de un tío al que admiro más que a Le Corbusier. Y le admiro más porque es el único que ha sabido venderse mejor? Porque Le Corbusier era casi tan mal arquitecto como pintor, cuando copiaba en los años 20 lo que habían hecho Picasso y Braque en 1907. Ahora recuerdo que, cuando le dijeron a Frank Lloyd Wright, para mí el mejor arquitecto del siglo XX después de Gaudí, que Le Corbusier había hecho por fin una casita, él respondió: “¿Sí? Ahora hará cuatro libros sobre esa casita”.

Lo que me recuerda que Antoni Tàpies ha editado personalmente más libros de su obra de los que se han editado a lo largo de cinco siglos de Diego Velázquez… ¡Vamos a ver! La única persona con un talento similar al de Le Corbusier y que ha sabido venderse mejor es Julio Iglesias. Un caballero que, sin cantar excesivamente bien, como él mismo reconoce, ha vendido en 35 años más discos que Juan Sebastián Bach y Beethoven juntos a lo largo de la historia del disco. ¿Ha vendido más discos porque tiene más talento musical? Creo que eso es discutible. Cuando yo viajaba a Arabia Saudí y al salir del aeropuerto me montaba en un taxi, me preguntaban:
“-¿De dónde es usted?
-Español.
-¡Ah!, ¡español!, ¡Julio Iglesias!”
Ni Picasso, ni Andrés Segovia, ni Gaudí? ¡Julio Iglesias!».

Fuente:
ABC 842 - ABCD Las Artes y las Letras
Arquitectura y diseño
Por Arturo Franco

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Tags: arquitectura, entrevista con Fernando Higueras, Fernando Higueras, opinion

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  • Escrito por: noti | 09 May 08 | Opinion

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