Cuadrícula perfecta
Mariano Bayón no suele estar de actualidad pero siempre está presente, permanece. Motivo suficiente para hacer un repaso por la historia de lo latente, por la historia de un posicionamiento. Para Bayón (Madrid 1942), la palabra posicionamiento se refiere a algo en cierto sentido opuesto a las posturas y, desde luego, anterior a ellas. En 1989, escribió que en arquitectura es muy clara la idea de posicionamiento, indica un entendimiento previo determinado de las cuestiones básicas de la edificatoria; pone en cuarentena la idea del estilo o ismo; lucha por desmarcarse del mundo superficial de las maneras particulares, y prefiere ahondar en cuestiones más profundas o unitarias como pueden ser la necesidad, la conexión entre todas las energías o gastos, el orden de los esfuerzos y su relación con la belleza, la poética de los mínimos, o las intuiciones de profundización sobre lo esencial y su relación con lo trascendente. En definitiva algo que surge de la estricta necesidad interior, como diría Kandinsky. Con su permiso, y como si de una sesión de psicoanálisis se pudiera tratar, profundizamos en la memoria de este arquitecto que se basa en la intuición sólo como resultado del conocimiento inmediato, haciéndolo propio.
Elegir lo mejor. Viajando a través de la historia del pensamiento arquitectónico se pueden llegar a conocer todos los tipos de arquitecto probables hasta el momento. Se van definiendo por medio de sus inclinaciones formativas, de sus tendencias naturales, de sus filias y empatías, en definitiva, de sus convicciones acerca de las distintas verdades posibles.
El acierto de Mariano Bayón reside en haber sabido elegir lo mejor de entre los mejores y haberlo hecho suyo. La necesidad de la que escribe Bayón en su discurso sobre el posicionamiento es la que se deriva de las palabras de Viollet-le Duc, verdadero padre de la teoría de la arquitectura moderna, cuando afirma que un edificio es bello en la medida en que ha resuelto de un modo óptimo todos y cada uno de los problemas que se plantean, sus necesidades.
Al preocuparse por la conexión entre todas las energías o gastos en un proyecto, nos está hablando de la sexta categoría aportada, 1.800 años antes, por Vitruvio para evaluar la belleza de un edificio, su distribución, que no es más que el apropiado control de los materiales y del emplazamiento en relación con el coste y el buen criterio. También se puede relacionar con lo que pocos quisieron escuchar de John Ruskin, aparcado por muchos modernos por su mal entendido romanticismo. Ruskin en la primera Lámpara, la del sacrificio, valora el efecto positivo que tiene el dedicar una atención constante al edificio. Esto no significa exceso sino que para él era vital que el gasto se adecuara a la ambición del proyecto. La máxima sencillez puede ser tan eficaz como la grandeza suntuosa, decía.
Simetría vitruviana. Bayón también cita el orden de los esfuerzos y su relación con la belleza, refiriéndose implícitamente a la ordenación y simetría vitruvianas es decir a que todos los espacios sirvan a sus distintos fines o a la adecuada relación de cada uno de los elementos de la composición para formar un todo en un sentido básicamente proporcional. La poética de los mínimos resulta un concepto más evidente y contemporáneo, al menos para algunos. Sin llegar a la austera sencillez proclamada por Adolf Loos durante la primera década de mil novecientos, Mariano Bayón ha intentado siempre aislar los componentes básicos de la arquitectura en un proceso de permanente depuración.
Al referirse a las intuiciones de profundización sobre lo esencial y su relación con lo trascendente recupera las palabras de Mies van der Rohe: «Rechazamos toda especulación estética, toda doctrina y todo formalismo. Crear la forma desde la esencia del problema con los medios de nuestra época. Esta es nuestra tarea. Necesitamos hacer realidad el orden interno de nuestro ser».
De la misma manera que el teórico Quatremere de Quince a principios del siglo XIX, la arquitectura para Bayón es considerada como un lenguaje capaz de establecer puentes culturales completamente al margen del estilo. En cuanto a la utilización de materiales se aproxima a Le-Duc por su flexibilidad y falta de integrismo, y se distancia de Ruskin, salvo en su uso honrado, el oficio meticuloso y la integridad formal. Su necesidad de explorar las cualidades del material y su capacidad para transformar ciertos hábitos recuerdan en cierto modo al poeta y visionario berlinés Paul Scheebart cuando estudió las cualidades físicas del cristal y otros materiales y sus posibles ventajas psicológicas, sociológicas y estéticas.
Las sensibilidades innatas. En definitiva, Mariano Bayón ha ido trenzando su discurso apoyado en la experiencia y en el conocimiento de la historia como un auténtico arquitecto de Vitruvio (práctica intelectual). Como si procediera de su propia capacidad intuitiva, de su sensibilidad innata, de su poética, la historia de la arquitectura subyace incorporada a su discurso de la manera más inteligente y natural. La función del arquitecto, para él, no está sólo en los edificios que hace, sino también en el pensamiento que suscita.
Fuente:
ABC 815 - ABCD Las Artes y las Letras
Arquitectura y diseño
Por Arturo Franco



Pues mira por dónde que al ver la foto he pensado que se trataba del edificio de la Maternidad de Moneo, claro exponente del “estilo raya”. Así que si este edificio es de Bayón y él pone en cuarentena la idea de los “estilos”, pues es que ya hemos dado otra vez la vuelta al calcetín.