La Luna del “Bund”
Al crecimiento espectacular y fulgurante de Shanghai ha contribuido una larga lista de arquitectos llegados de todas partes del mundo.
A las diez de la noche, junto al malecón que se asoma sobre el río Huangpu, se levanta iluminada y majestuosa la Aduana de Shanghai. Este y otros edificios de factura neoclásica se encargan de recordarle a la ciudad su intenso pasado colonial. Británicos, franceses, alemanes o belgas comerciaban y se enriquecían a principios del siglo XX, mucho antes de la llegada de Mao. Una puerta imperial da acceso a la recepción propia de algún club de Mayfair junto a Saint James, justo al otro lado del mundo. El ascensor sube hasta la terraza más selecta de la nueva China. Moon the Bund es un restaurante de aroma francés con vocación cosmopolita y la clientela más cool al norte del triángulo de oro. Actores, empresarios, curioso y personajes del mundo de la farándula se dan cita para observar desde arriba como crece, por momentos, su ciudad, como reluce Pudong, el barrio financiero y como despierta el gigante.
Sin Pastillas de Freno. En la China oriental convive una apertura económica sin pastillas de freno junto a algunos oficios milenarios asentados a la puerta de sus casas-patio, bajo la amenaza del desahucio inminente. Parece que funciona. La respuesta cultural clandestina encuentra su lugar en las antiguas naves almacén de Shanghai. La tutela del gobierno se relaja, y el capitalismo se abre paso sobre terrenos casi regalados por los ayuntamientos, ofreciendo de esta manera trabajo privado a una población acostumbrada al funcionariado cómodo y austero. Una situación que hasta hace poco, les concedía trabajo y alojamiento a cambio de lo que se ha llamado danwei y hukou, o lo que es lo mismo, el permiso para casarse y tener hijos o la necesidad de disponer de unos salvoconductos de movilidad interna sin los cuales no podían desplazarse a otras regiones.
La situación va cambiando a un ritmo vertiginoso difícil de asimilar. Mao falleció en 1976 y prácticamente al mismo tiempo Deng Xiaoping comenzó a aplicar si política de “puertas abiertas” y su programa de las “cuatro modernizaciones”, desplazando irremediablemente la herencia marxista-leninista a un segundo plano. Así se llega de una manera sorprendente, a combinar, como dice Jianfei Zhu, la tradición confucionista, el Estado socialista y la economía de mercado libre. Un cóctel arriesgado.
Sheilah Meikle y Julian Walter analizan cómo durante las últimas décadas China, y especialmente el municipio de Shanghai, ha fomentado el establecimiento de vínculos internacionales. En 1979 aparecieron las primeras leyes de joint venture que marcaban las pautas para la inversión extranjera y que han favorecido la colonización de las grandes ciudades del sur y del este del país con imágenes occidentales no demasiado recomendables por prepotentes y vacías, un tanto anglosajonas. La liberalización del sector ha estado vinculada a la gestión del suelo.
Ahora se pueden alquilar, Empresas y particulares pueden tener acceso a su explotación, aunque siga perteneciendo al gobierno de una manera testimonial. Poco a poco, las empresas privadas están consiguiendo el derecho a urbanizar, delegando en el gobierno la responsabilidad de realojar en nuevas viviendas a los antiguos habitantes del suelo expropiado. Esta situación genera, por un lado, una urbanización vertiginosa acompañada de un escaso control y, por otro, la aniquilación indiscriminada de viviendas tradicionales que obliga a un desarraigo forzoso de sus habitantes y diezma a gran velocidad su herencia cultural.
Diez Ciudades Satélites. De algo parecido se lamenta Wu Jiang, director del planeamiento urbano para la ciudad de Shanghai. Se han construido en menos de diez años cerca de mil rascacielos. Se pretende recuperar para zonas verdes decenas de kilómetros cuadrados en los márgenes de los ríos Huangpu y Suzhou, mientras se desarrolla la zona que albergará La Exposición Universal de 2010. Desde que se le concedió la organización de la Expo, ha tratado de prestar de mayor atención a los derechos urbanísticos y a la exportación de una imagen moderna. Para ello, ha contado con arquitectos y urbanistas procedentes de Alemania, Francia, Reino Unido, Japón, Italia, España, Australia, Canadá, Singapur, Suecia, Holanda, Hong Kong, Taiwán y Estados Unidos.
Al mismo tiempo, han propuesto un proyecto titulado Una ciudad / nueve pueblos, que consiste en construir ciudades satélite en torno a Shanghai y rodear cada una de otros nueve pueblos, potenciando así el valor de los espacios naturales y zonas verdes que aparecen entre ellas. Esto, unido al nuevo puerto de la ciudad cosido al continente por un puente de treinta y cinco kilómetros, convierte a Shanghai en la nueva pesadilla americana, desplazando definitivamente a Nueva York como icono de la modernidad y tierra de todas las oportunidades.
Fuente:
ABC 795 - ABCD Las Artes y las Letras
Arquitectura y diseño
Por Arturo Franco
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Excelente blog sobre arquitectura. Posiblemente, el mejor que se escribe en español. En cuanto a Shanghai, solamente faltaría añadir que el gigante lleva años despierto aunque también es cierto que muchos de los proyectos que se anuncian a bombo y platillo nunca verán la luz. Esta ciudad es así