A la mesa con Zaha Hadid
Hace ya unos años que el galerista español afincado en Londres David Gill, el mejor en su especialidad -ese terreno de límites imprecisos que es el diseño cuando se acerca y/o se solapa con el arte-, hablaba con la arquitecta Zaha Hadid sobre una posible colaboración. La David Gill Gallery no expone simplemente lo que encuentra en los estudios de los creadores con los que trabaja; Gill inventa ideas, estimula, colabora y produce lo que después expondrá en su fabuloso espacio londinense. Con vistas a la Bienal de Venecia de 2007 y para el espacio de la Scuola dei Mercanti, el galerista consideró que quizá era el momento de hacer una colaboración con la arquitecta: «Pensé en una obra que estuviese cerca de su arquitectura, en algo no estático, que se acercase más a su visión de la arquitectura que a un mero mueble exento.
Le pedí un sistema de estanterías que pudieran crecer a lo largo y a lo ancho, adaptándose a los diferentes espacios en los que se pudiesen colocar. A partir de esa idea, Zaha se fue entusiasmando y comenzó a declinar el concepto en toda una serie de variantes: mesa, consolas, bancos… hasta convertirlo en lo que es ya una verdadera biblioteca». Según Gill, la arquitecta no pensó en la viabilidad comercial de las piezas, que son de un tamaño inviable para un entorno doméstico: «Ella sólo pensó en las proporciones del espacio de Venecia, sin hacer concesiones de ningún tipo».
En las dunas del desierto. «Posteriormente -añade- pensamos en la posibilidad de darles un tamaño más adecuado para la vida real, y los hemos reducido para hacerlos viables comercialmente. Lo que llamamos El árbol, por ejemplo, que es una especie de pieza exenta con brazos que funciona como estantería, lo vamos a convertir en un bonsái que se puede colocar en un salón». Las formas orgánicas, fluidas y sinuosas, escultóricas de la instalación recuerdan el aspecto de las dunas del desierto: «El nombre de Dunes es una consecuencia. Como explica siempre Zaha, las dunas no fueron el punto de partida, sino el punto al que se llegó trabajando en el proyecto. A ella lo que le interesaba especialmente era la idea de apilar, de superponer horizontalmente unas sobre otras. De este modo surge una especie de paisaje ondulado, las curvas que forman las dunas cuando se ven en el horizonte, que parece como si estuvieran montadas unas sobre otras. Así es como llegamos a la idea del nombre».
Las diversas piezas, que se realizarán (por encargo) en series limitadas de ocho ejemplares (más dos pruebas de autor y dos prototipos), se pueden adquirir por separado en distintos colores: arena de reflejo naranja, negro de reflejo verde, violeta y plata. Están fabricadas en fibra de vidrio o en aluminio: «Las primeras se hicieron en fibra de vidrio, un material que a Zaha le gusta mucho, pero en realidad también porque son los estantes que tenían que ser más ligeros al ir colgados en la pared. Después experimentamos con el aluminio, que nos pareció un material más apropiado, quizá más noble, y también más fuerte, para las piezas que van en el suelo, como las mesas».
Siempre distinto. El hecho de utilizarlos de forma separada no disminuye su potencia e impacto visual: «Era importante para Zaha crear algo que funcionase bien en distintas combinaciones y situaciones. De hecho, era un reto muy interesante ver cómo la fuerza sigue siendo la misma aunque diferente. Esto tiene algo que ver con el sistema de estanterías que hizo Charlotte Perriand en su día, la Prouvé-Perriand, que utiliza diversos colores y se adapta como una escultura diferente a cada pared en concreto». Las piezas se pueden comprar a partir de 25.000 libras cada una. Si esperan un poco, quizá las puedan ver en la próxima edición de ARCO ya que el galerista se plantea la posibilidad de llevar la instalación a España, si encuentra el local apropiado…
Fuente:
ABC 821 - ABCD Las Artes y las Letras
Arquitectura y diseño
Por Ana Domínguez Siemens.



Sólo una precisión como autora del artículo: el título no es mio, es de quien sea que estuviese ese día en la redacciónd el periódico al tanto de la edición de los artículos y supongo que nunca leyó el artículo ya que lo tituló “A la mesa con Zaha” cosa baastante intrigante ya que todo el artículo trata de cómo se formó esta serie de una simple estantería a toda una biblioteca…
Por lo demás, gracias por interesarte en mis escritos.