Un centenario en línea curva

«Cuando llegué a California a visitar a los Eames, Charles y Ray, en los años sesenta, él era un joven arrogante, culto a la manera europea y despreciativo con la cultura popular. La casa del matrimonio Eames era una especie de compendio de objetos que entonces resultaban sorprendentes, como figuras de Mickey Mouse, Popeye o cosas así. Un tipo de modernidad diferente a la que yo estaba acostumbrado que era la del estilo derivado del Movimiento Moderno: líneas puras, formas básicas… Charles me dijo que lo primero que tenía que hacer era visitar Disneylandia. Desde luego, su influencia cambio por completo mi modo de mirar las cosas». Así lo cuenta Rolf Fehlbaum, presidente de la compañía Vitra, que este año celebra el cincuenta aniversario de su colaboración con los Eames. No hay más que ver las imágenes que se conservan de la pareja, montados en una moto que ella conduce o fabricando un árbol de Navidad con patas de sillas ensambladas a las que les han colocado velas, para advertir que ésta «gente» se lo pasaba muy bien. De hecho, el lema de Charles Eames era: «Tómese sus placeres muy en serio».
Mucha diversión. Su nieto Eames Demetrios (a quien le dieron ese nombre ya que su madre era la única hija de Charles y, por tanto, su apellido no le sobreviviría), autor del revelador libro An Eames Primer, del emotivo corto 901 sobre el desmantelamiento de la oficina de sus abuelos y director de la Eames Office, que se ocupa de comunicar, preservar y extender la obra de Charles y Ray Eames, comenta: «Alrededor suyo siempre había mucha diversión, la oficina era un sitio mágico, en especial para un niño. Mis abuelos tenían una enorme curiosidad por todo? Les recuerdo, por ejemplo, fotografiando las telarañas del prado de delante de su casa o los preciosos medios pomelos que Ray nos preparaba para desayunar». El próximo día 17 se celebrará el centenario de Charles Eames con un gran homenaje a un estilo de trabajo que se caracteriza aún hoy por el optimismo que transmite, por las ganas de formar parte del progreso hasta sus últimas consecuencias, pero también por la tensión de elementos contrapuestos, por el equilibrio encontrado en la lucha de esos contrarios. Charles (1907-1978) aportaba el rigor del arquitecto, el desarrollo de las estructuras, la racionalización de los problemas. Ray (1912-1988), el ojo de la artista, el sentido del color, la composición y las formas. La precisión y el perfeccionismo era, sin embargo, territorio común. Según la revista Fortune, en 1974, Herman Miller les reportaba mensualmente unos 15.000 dólares en «royalties» de ventas de muebles. Ellos lo invertían en seguir investigando, financiando experimentos con nuevas técnicas y materiales. Como apuntaba el propio Charles Eames, «hay que centrarse en las cosas en las que uno cree y olvidarse de las otras».
Polifacéticos. Pero quienes piensen que se centraron sólo en el diseño de muebles se equivocan. Los Eames, en sus cuarenta años de trayectoria, fueron autores de más de ochenta películas (sobre muy variados asuntos: trenes eléctricos, matemáticas, animales marinos, la espuma del jabón o las leyes de la física), decorados para cine, arquitectura, montajes de exposiciones, diseño gráfico, fotografía, tejidos, juguetes… «Personalmente, lo que supone una auténtica influencia es el hecho de que ellos crearon cosas y las hicieron en la convicción de que si de verdad resolvían un problema, ese sería su éxito -apunta Demetrios-. Ellos lo apostaron todo a la carta de que podrían producir en serie sillas de madera curvada y moldeada con curvas muy complejas, cosa que nadie había hecho hasta entonces. Por ejemplo, mi proyecto Kymaerica de ficción tridimensional tampoco lo ha hecho nadie antes. En este sentido, su modo de hacer me ha inspirado siempre». El plástico y las formas orgánicas son la clave de su obra. Pero más importante resulta el hecho de que fuesen piezas creadas para un gran público: belleza y calidad al alcance de todos. Al igual que aportaban nuevos aspectos formales como el de ser muebles pensados como esculturas, como piezas exentas para ser «rodeadas». Sus sillas, siempre funcionales, investigaron y consiguieron una serie de asientos y respaldos para soportar confortablemente al cuerpo humano mediante superficies que se pudieran moldear tridimensionalmente o materiales flexibles en sustitución de las tapicerías mullidas.
Fibra de vidrio. La silla de madera curvada fue su primer intento de crear una «concha» compacta que resultase cómoda sin usar cojines. Un experimento que comenzó junto a Eero Saarinen con la silla que presentaron en 1946 a la exposición del MoMA sobre diseño orgánico. Con el tiempo, abandonaron esta idea a favor de las dos piezas separadas para el respaldo y el asiento. La silla de fibra de vidrio resolvía el problema de la «concha» y las posibilidades del plástico la hacía aun más apetecible. Más tarde investigaron, con el aluminio curvado y soldado, la silla de malla metálica que se adaptaba a un montón de bases y tapicerías diferentes. «Lo que funciona es mejor que lo bonito, lo bonito puede cambiar, pero lo que funciona, funciona», decía Ray.
A mediados de los cuarenta, la revista Arts and Architecture encargó a los Eames formar parte del proyecto Case Study House Program, que consistía en una serie de casas dirigidas a una clientela de gustos modernos y presupuesto escaso. Se construyeron veinticinco modelos de viviendas cuyo requisito era estar construidas y amuebladas usando materiales y técnicas derivadas del desarrollo experimental posterior a la Segunda Guerra Mundial. Para la suya, la número 8, los primeros planos los diseñó Charles junto a Saarinen y estaba construida a base de simples piezas aparecidas en catálogos de construcción. Por lo visto, las piezas tardaron mucho en llegar y para entonces ellos habían cambiado la idea original y decidido integrar la pradera en la que se encontraba la casa. Con los elementos que ya tenían se las ingeniaron para cambiar los planos. Éste es el diseño que se construyó y aún se conserva hoy. Se mudaron allí en el año 1949.
Fuente:
ABC 801 - ABCD Las Artes y las Letras
Arquitectura y diseño
Por Ana Domínguez Siemens



…entre otras cosas y como pienso que el mueble es parte integral del diseño arquitectonico…