Soñando la Silla: algo más que un asiento.
La silla perfecta no existe. Por eso, de la tumbona romana a las sillas de Andreu World, el diseño, es un infatigable ejercicio de la búsqueda, no ceja en perseguir ese mito que encierra el axioma de la “silla es muchísimo más que asiento”.

Porque la silla, el objeto más diseñado de la era moderna, además habla, y lo hace de las personas, de sus ambiciones, de su poder y de su posición, de los valores, de los gustos, del progreso tecnológico y de los nuevos descubrimientos, de las razones y hasta d elas ambiciones que retratan cada época y que han sido hilvanando la vieja historia de la Humanidad. Y más aún, puede decirse incluso son caer en el exceso que la silla forma parte de nuestra humanidad misma, así como minúscula, ya que como apunta el físico y escritor Jorge Wagensberg en “Chairs. 50 años de diseño y una historia que contar” (RBA), “entre el concepto sila y el concepto nalga media un tercer concepto: el concepto de sentarse. Y toda solución que no pasa por sentarse en una silla sólo puede ser una solución temporal que requiere muy buena forma física”, algo que indiscutiblemente pueden decir pocos y buenos jóvenes. Además no se trata de un soporte insignificante: sobre el realizamos tareas fundamentales par ala supervivencia como comer o descansar; nos relacionamos con los demás, trabajamos, leemos, dibujamos, pintamos, dirigimos, mandamos, esperamos, vigilamos, posamos, obedecemos, observamos, aprendemos, juzgamos y nos juzgan, nos peinan, nos hacen la manicura y la pedicura, nos examinamos, nos divertimos y nos aburrimos, nos curan… y hasta nos morimos y nos matan (la silla eléctrica –bien apunta la historiadora del arte Antxu Zabalbeascoa en el mismo “Chairs”- no es más que un tipo de silla).
Sobre las sillas también cunden mitos y leyendas, la fuerza de los símbolos, la simbología de los nombres y la energía de las pasiones. ¿Quién no ha fijado en su retina gracias al celuloide el desenlace de amores tremebundos y traiciones cruentas mientras sus romanos protagonistas se hallaban recostados en eficaces tumbonas? ¿Y qué decir de sus gastronómicas orgías?
En el origen: la incomodidad.
Y ahí han quedado igualmente esos primeros asientos de la historia, como los modelos egipcios que se conservan en el Louvre, donde lo importante no era la comodidad sino la ornamentación y el emblemático color azul. El mismo sillón Savonarola (S.XV), añada Zabalbeascoa, “El primero aparecido en el Renacimiento italiano, está formado por ramas curvas y entrecruzadas que tienen por respaldo un simple travesaño en el que aparece esculpido el escudo de armas del propietario”. Luego llegó “el cuero, tensado y fijado con clavos de cobre, protagonista de los sillones fraileros del XVI”. Y no será hasta el XVII en que la confortabilidad de la mano del tapicero se asiente en los palacios y casas más pudientes. Fue entonces cuando, “de la mano de Louis XIV, la tapicería y los respaldos cimbrados se adueñaron del salón. Y ese nuevo confort hizo crecer la ornamentación”:
Hasta finales del siglo XIX la silla no saltó del ámbito artesanal al mundo industrial y al del diseño. “El XIX vio como las sillas –añade la historiadora- por fin llegaban a todos”. Con la empresa austriaca Thonet y su famosa “modelo 14” (1859) nació la butaca industrial, las mecedoras de madera de cerezo y asiento de cuero trenzado Shaker (Nueva York) (1820-1870) anunciaron la depiración de estilo de la modernidad y el matrimonio Charles Rennie Mackintosh y Margaret McDonald alcanzaron del XX, el siglo de las sillas como símbolos, “con sus sillas altas y altivas”, algunas de ellas, como la Hill House (1903) hoy todavía en producción.
Una de Batallitas
Lejos de un camino de rosas, la historia de la silla también está cuajada de batallas épica. Sobresale de manera especial la disputa entre Marcel Breuer y Mart Stam que selló la revolución de las silals de tubo metálico y libre sostén (Breuer fue pionero en fabricarlas, pero Stam fue el primero en presentar su boceto).
En “Chairs” se deja bien claro que “las sillas comunican valores, ideas y actitudes. Sientan argumentos, pro eso los idearios de muchos arquitectos tienen forma de silla”. Y por eso también muy pocos de ellos “escaparon al reto, durante el siglo pasado, de dibujar al principio una silla y al pago de derechos de instalar sus asientos en sus mayores proyectos, más tarde”. Sirva como ejemplo Frank Lloyd Wright, el arquitecto norteamericano más famoso de todos los tiempos, quien en 1904 terminó los planos de su silla Barrel, con la que amueblaría el comedor de la casa Darwin, en Buffalo. O el del francés Le Corbusier quien , junto a su primo Pierre Jeanneret y la diseñadora Charlotte Perriand, introdujo el lujo d ela mno de los materiales –pieles y tapizados- en la estética industrial.
Luego vendría el contrachapado, la fibra de papel, el propileno, el aluminio, el plástico, el poliéster… la cultura pop, el estilo italiano, entre lo irreal y la utopía: la revisión del pasado, la nostalgia del clasicismo, la durabilidad, el reciclaje poético, la indagación sobre la levedad –las sillas de acrílico transparente del mítico Shiro Kurokawa-, los noventa de Phillippe Stara y su reinvento y burla de la silla; la estela de Gaudí y sus homenajes…
El Reto Memorable
El rey del diseño industrial, Ross Lovegrove, han llegado a la conclusión de que “con sillas ocurre como con los rostros: hay muchas, pero pocas son memorables”. Y es así, se rubrica en “Chairs”: “una silla memorable es a un tiempo una magnífica herencia del pasado y un inquietante reto para el futuro”.
Por eso el valenciano Francisco Andreu es el alma de “Charis”: el fundador de Andreu World, la primera firma española exportadora de asientos de diseño contemporáneo, no ha encontrado mejor manera de celebrar su primer siglo que atesorando el pasado y el presente de su razón de ser; la silla y su sillez –como lo define el diseñador Alberto Lievore-, para proseguir con más fuerza su búsqueda del mito. La suya es la epopeya de una continua superación frente a la adversidad que le ha llevado de la lucha por la supervivencia en un taller de ebanistería heredado de su padre a lso 17 años a un empresa don de ya tiene un lugar entre los mejores fabricantes y para la que han aportado sus ideas los grande maestros del diseño como Vicente Soto, Ximo Roca, Ángel Martí, Pedro Miralles, Juan Montesa, Carlos Tíscar, Francis Montesinos, Javier Mariscal, Joseph Lluscá, Nancy Robbins, Jorge Pensí, Gabriel Teixidó, Pete Sans, Margarita Viarnés, Mario Bellini, Jaime Bouzaglo, King-Miranda, Alberto Lievore…
Entre la Comodidad y la Revolución
La fórmula de la silla según su fundador Andreu World:
-¿La más cómoda?
- Hay muchos modelos muy cómodos en la historia de la silla pero cabría destacar el “Lounge chair” de Charles-Ray Eames, combina el máximo confort con la más alta calidad de materiales y acabados haciendo de la butaca una pieza excepcional.
- ¿La más rompedora?
- Tal vez el modelo nuevo 31 de Alvar Aalto, teniendo en cuenta que es de principios de lso años 30: una pieza visionaria, revolucionaria e innovadora en la concepción de entender el asiento mediante materiales, formas y sobre todo estructura.
- ¿La más elegante?
- Por su sencillez y por su carácter arquitectónico probablemente el modelo Radical RDL sea uno de los modelos más elegantes que hemos hecho, ya que tiene la capacidad de adaptarse a casi cualquier entorno de una manera neutra y distinguida, ofreciendo la perfecta combinación entre sencillez formal y sofisticación en su elaboración.
- ¿Ante que diseño se ha rendido?
- Hay muchas sillas que son auténticos referentes y piezas ante las que uno se rinde, pero el modelo “Supperleggera” de Gio Ponti es una de las sillas que más admiración me ha provocado por su sencillez, inteligencia y elegancia.
- ¿Qué no puede ser jamás una silla?
- Débil o frágil.
Texto: ABC. 1/12/2207.


