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La Liubliana de Plecnik

Joze Plecnik Ljubljana

Posiblemente sean muy pocas las ciudades contemporáneas que puedan alardear de haber sido concebidas casi en su totalidad por un único arquitecto. Es cierto que existe una Brasilia de Niemeyer, y hasta una Barcelona de Gaudí, pero lo que une a Liubliana, la capital de Eslovenia, con Joze Plecnik va más allá del mero quehacer del arquitecto o del ingeniero, del diseñador o del estadista. Plecnik dotó a su Liubliana natal de su entramado más moderno; recuperó para la ciudad su esencia mediterránea y su bronco carácter eslavo; ilustró su símbolo, el famoso dragón de San Jorge que también comparte con la Ciudad Condal; y campeó por ella como si sus bolsillos albergaran sus llaves maestras, como si sus ciudadanos le reconocieran tácitamente su propiedad, resultado de su dedicación y empatía.

Resonancias. Y, sin embargo, su nombre poco resuena más allá de las fronteras de este joven país balcánico. Plecnik, que también dejó su impronta en ciudades como Viena -donde llegó a ser discípulo de Otto Wagner y donde podría haberse convertido en el sucesor del maestro de no haber sido por la presión del sentimiento germánico que el esloveno no compartía- y Praga -urbe en la que acondicionaría su famoso castillo para convertirlo en la residencia del presidente del recién creado nuevo gobierno de Checoslovaquia- no comenzó a ser reconocido internacionalmente por el gran público hasta mediados de la década de los ochenta del siglo XX, cuando el Centro Georges Pompidou de París recorriera su trayectoria en una gran exposición. Luego llegaría, justo diez años después, en 1996, otra retrospectiva justamente en el Castillo praguense que tan bien conoció, y, ya en el siglo XXI, una nueva muestra sobre su trabajo en Liubliana coincidió con la Capitalidad Europea de la ciudad austriaca de Graz (2003). El cincuenta aniversario de su muerte es una buena excusa para acercarse una vez más a su figura y su obra (que se está celebrando con nuevas exposiciones internacionales, la restauración de su casa natal -ahora museo- y con festivales y recorridos guiados por Liubliana).

Joze Plecnik, el también denominado Gaudí esloveno (por las similitudes que su trayectoria comparte con la del arquitecto catalán: su visión integral del edificio, desde sus planos a sus elementos decorativos más insignificates; su religiosidad; sus inclinaciones nacionalistas; su intención de unir tradición y modernidad), nació el 23 de enero de 1872, tercero de cuatro hermanos, e hijo de un ama de casa y de un ebanista que le enseñó a amar el contacto directo con los materiales. Estudiante de diseño en Graz, pupilo de Otto Wagner, su labor como arquitecto se inicia a principios del pasado siglo en Viena, diseñando viviendas privadas, espacios públicos e iglesias. Es cuando su notoriedad comienza a ser evidente en el extranjero, cuando las autoridades eslovenas deciden recuperar para la nación al que terminaría por convertirse en uno de sus hijos más aclamados. En 1920, Plecnik es nombrado profesor de la Facultad de Tecnología de la Universidad de Liubliana. Un año después el arquitecto vuelve a alojarse en su casa natal desde donde comienza la reorganización del plano de la capital hasta su fallecimiento en 1957. Y allí dejará sus obras más sobresalientes.

Desde la memoria. Se ha vendido la imagen de Plecnik como la de un gran «moderno», cuando realmente fue un indiscutible precursor desde la tradición. Es más, mientras permitía que los modernistas experimentaran con sus estéticas en los alrededores de la ciudad, él se reservó su centro histórico para reencontrarse con la Historia, para recuperar la herencia de los clásicos, para construir desde los materiales más ligados al entorno y a su memoria. El arquitecto aprovechó las consecuencias de un gran terremoto, el que sufrió la ciudad en 1895, y que facilitó repensarla en su totalidad. Plecnik concibió así una Liubliana que pudiera ser leída como la nueva Atenas: partiendo de la atalaya de su castillo -cuyas estancias y exteriores acondicionaría en 1934-, que el arquitecto identificaba con la Acrópolis, iría construyendo otros edificios emblemáticos como la Biblioteca Nacional (1936-1941) -su obra maestra-, otra gran Biblioteca Helenística; la Plaza del Congreso (1927) se traduciría en el ágora griega y el mercado cubierto en las orillas del río Liublianica haría las veces de estoa. Hasta un estadio olímpico (el de Orlovski) y un cementerio (el camposanto de Zale a modo de necrópolis) completaron sus planes.

El cauce de un río. Otro gran eje de actuaciones se centró en el cauce del río, que acondicionó para su disfrute. Y sobre él, la mayor parte de los puentes que hoy son la imagen de la ciudad (el Triple, el de los Zapateros, el de Ternovo, el nunca elevado de los Carniceros, que ahora la ciudad se plantea recuperar…). Hasta sus exclusas deben sus formas a nuestro protagonista. Plecnik rediseñó las más importantes avenidas, convirtió el antiguo monasterio de la Orden de los Caballeros Teutones en la actual Facultad de Diseño, de aires medievales, con su teatro al aire libre; concibió el famoso monumento a Napoleón -paradójicamente, uno de los padres de la patria eslovena-; restauró parte de la antigua muralla romana; a él se le encargó, aunque nunca se construyeran por razones de la propia Historia, el nuevo Ayuntamiento y la sede del Gobierno Esloveno… Tal era su poder que se le permitía el llevarse a casa para inspirarse los restos griegos y romanos que iban encontrándose (algo que hoy se consideraría delito contra el patrimonio) o tapar con tupidos árboles la fachada de edificios como la Iglesia de Santiago, por considerar que rompían la estética del entorno.

Todo recorrido por esta Liubliana de Plecnik debe encaminarnos al cementerio de la ciudad. Si en su obra más trascendental, la Biblioteca Nacional, la oscuridad de la piedra negra conduce a la luminosidad del conocimiento, el pórtico blánco de Zale marca la división entre el mundo de los muertos y los vivos. Allí el arquitecto levantó suntuosos panteones y complicadas tumbas. Y allí descansa la suya: un simple, pequeño y minimalista bloque de mármol. Nada que añadir. Es como si el creador quisiera decirnos que ya no podía hacer nada más porque todo estaba acabado. Su espíritu sigue vivo en las calles de Liubliana.

Titulo Original: Con Permiso del Señor Plecnik

Fuente:
ABC 818 - ABCD Las Artes y las Letras
Arquitectura y diseño
Por Javier Díaz-Guardiola

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Tags: Arquitectura del Europa del Este, Joze Plecnik, Liubliana, Ljubljana, Otto Wagner, viajes

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  • Escrito por: arqui | 21 Dec 07 | Ciudad

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