Un manifiesto de cristal
El pequeño pabellón de Sejima y Nishizawa en Toledo (Estados Unidos) es un modelo de construcción atmosférica llamado a marcar la arquitectura del futuro.
Hace doce años, en una farragosa entrevista publicada por El Croquis, una entonces jovencísima Kazuyo Sejima decía: “Después de trabajar de forma continua durante tantos años, últimamente me he sentido motivada a volver atrás y repensar de nuevo por completo el concepto de arquitectura. Desarrollando una clara definición de la función, uno puede crear una arquitectura muy transparente. Sin embargo, la arquitectura va mas allá de esto, y puede también incorporar la no transparencia. Quiero utilizar esta idea para hacer algo diferente de lo que he hecho en el pasado”.
La enigmática afirmación de entonces parece cumplirse hoy de forma admirable en esa bellísima pieza, a la vez transparente y opaca, que es el pequeño pabellón construido en la ciudad estadounidense de Toledo (Ohio), dedicado a la exhibición de manufacturas del vidrio. Un pabellón constituido por la disposición de estancias vidriadas con aristas redondeadas formando una organización planimétrica que remite de inmediato al dibujo de un diagrama y que en la experiencia real del edificio se disuelve en su propia evanescencia formal y material, una evanescencia que pasa de la transparencia total a la opacidad impenetrable y alucinada como resultado de la multiplicación laberíntica de reflejos activados y desactivados simplemente con el paso de una nubecilla, con un soplo de aire -con la sorpresa de verse uno mismo involucrado reflejado o desapareciendo en posiciones inesperadas-.
Este pabellón tiene la fuerza y consistencia de un verdadero manifiesto, es una pieza de la entidad que en su día tuvo el teatro científico flotante de Aldo Rossi navegando por Venecia o el hoy sacralizado pabellón de Barcelona de Mies van der Rohe; un pabellón más allá de los límites convencionales, al que se debe prestar toda la atención -no le acompaña la suerte de ubicarse como los anteriores en ciudades memorables: está a tres horas conduciendo desde Columbus (la ciudad más próxima con aeropuerto internacional y escuela de arquitectura)-. Pero la virtud de un pabellón es precisamente servir para experimentar y avanzar temas que con programas y escalas mayores quedarían constreñidos por la convención. En ese sentido su dimensión diminuta supone una enorme ventaja estratégica, le permite avanzar décadas sobre las construcciones que denominamos programáticamente: viviendas, museos, oficinas o naves industriales. Los pabellones siempre han tenido, además, un carácter festivo, celebrativo, que se corresponde bien con otra característica, su ligereza literal o metafórica, ser evanescentes en el tiempo, casi de quita y pon, construcciones mínimas en un parque o jardín, ligadas a motivos especiales, con algo de derroche y exceso. Y algo de innecesario también: esa gratuidad es lo que los emparenta con los manifiestos, puros gestos de la voluntad creativa.
En la obra de Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa (SANAA) este proyecto marca el cierre de un proceso de cambio ya patente en las obras de los últimos años, un proceso que ha ido pasando desde un método proyectual centrado en referir con el mínimo de mediaciones posibles lo funcional a lo compositivo y lo compositivo a lo constructivo -a ser posible ninguna de las mediaciones historicista-tipológica-, a una concentración en lo atmosférico, basada en el equilibrio entre simplicidad geométrico-material y complejidad experiencial, un sistema que ha ido descargándose paulatinamente de jerarquías funcionales y espaciales, de materialidad constructiva (los materiales siempre tienen adheridos demasiados significados) y de la geometría como instrumento de expresión (rectángulo, círculo y flor es el reducido abanico actual), para hacer de la luz -distribuida con intensidades equivalentes y la mayor ligereza, sin el peso de la luz sólida del Panteón, para entendernos- y de la dislocación programática -organizando los programas con lógicas de distribución y diseminación contrarias a las funcionales-, el eje de su técnica proyectual, forzando con ella un cuadro de atenciones espaciales, isótropo, equivalente en todas las direcciones.
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Tags: arquitectura ambiental, Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa
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Tags: Kazuyo Sejima, Nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York, Ryue Nishizawa, SANAA
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