Éxito Asegurado
El Guggenheim ha supuesto un antes y un después en cuanto a concepto de museo y montaje de exposiciones: cuando el espectáculo no está reñido con la calidad.
El taquillaza se consolida como ideal de la industria de la cultura. No extraña: el show business; y por otro lado la identificación de calidad y cantidad es un impulso irresistible de la naturaleza misma de la industrial. El taquillaza es una leyenda seductora que sucede hoy a otras que engolosinaron y menearon la Historia: después de la piedra filosofal o el elixir de la eterna juventud (que por otra parte sobreviven, transformados, en el seno simbólico de la economía global), el megahit y el pico de audiencia; en vez de la panacea buscamos la franquicia universal; en vez de Eldorado, el “el efecto Bilbao”; en vez de la olla de monedas al final del arcoiris, érase una vez un 100 por 100 de share en prime time.
En cuanto al pequeño sub-negocioado de artes plásticas, ya se sabe que la obra de arte, en contra de lo que decía Benjamín, no perdió su aura en la era de la reproducción técnica de imágenes (más bien al contrario). Pero inesperadamente sus profecías acaban funcionando si pensamos en las instituciones que canalizan esas obras hacia el consumo masivo (y persiguen, en buena lógica, que sea lo más masivo posible): en un mundo de franquicias idénticas son los museos y sus programas los que se esfuerzan por perder cualquier rastro de “aura” que resulte raro, cualquier rasgo no familiar que desoriente o acobarde al público potencial. En la fase de post-industrialización cultural, las industrias se deslocalizan y se aglomeran en grandes multinacionales; las políticas culturales nacionales se plagian y las bienales se roban las agendas; las exposiciones blockbuster se mimetizan y los museos abren cadenas y se transforman en logotipos: construcciones simbólicas e imágenes de marca que inspiren confianza automática en un público aturdido por la guerra feroz entre logos que es nuestro día a día.
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Una Historia muy Visual
Los actos conmemorativos del décimo aniversario del museo tienen en la muestra titulada “art in USA: 300 años de innovación”, comisariada por Thomas Krens y un equipo de especialistas, una de sus citas estrellas.
Art in USA: 300 años de innovación.
Museo Guggenheim de Bilbao.
Hasta el 27 de Abril de 2008.
Cuando uno va al Guggenheim a ver una exposición sabe o debe saber a lo que va. Al cabo, bajo este internacional nombre se inventó la fórmula mágica que equivale a exposiciones generales y genéricas cuyo discurso teórico es más bien práctico. De tal forma que a los que tienen la teoría superada se les queda corta o les sabe a poco la práctica y a los que no tienen la teoría superada les vale con práctica, tan contentos. Que una exposición esté hecha para el gran público tampoco en un desdoro. En esas estamos, porque esta muestra montada para celebrar los diez años del Museo Guggenheim, de Bilbao, cumple a la perfección la norma de la casa. Sólo habrá que esperar los seis meses que estará en cartel para cuantificar los miles de turistas que la visiten. Seguro que habrá récord ya que estamos de cumpleaños redondo. Sabemos de antemano que el éxito está asegurado. Poco importa lo que se escriba para bien para mal sobre ella. La pregunta es si superará a las que se hicieron sobre China o sobre Rusia o los Aztecas hace unos años. Es la dinámica del Guggenheim. Como la máquina de conteo no ha hecho más ponerse en marcha, ahora, es el turno de los comentarios sobre estos 300 años de innovación en el arte de Estados Unidos, pero luego todo se olvidará frente al poder de los números. Definitivos, y para ello ya llevan diez años de experiencia en estas lides.
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Tags: arquitectura, Art in USA 300 años de innovación, exposición, Museo Guggenheim Bilbao, opinion
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El Efecto Ghery

Frank Ghery revolucionó la arquitectura y se convirtió en un genio. El proyecto que realizó no sólo puso a Bilbao en el mapa y en los libros de arquitectura más vanguardista, sino que además creó un modelo a imitar.
Frank Gehry, eres un genio!, exclamaba el propio Gehry ante el volumen formado por una hoja de papel arrugado que, en un arrebato de mal genio provocado por la solicitud de Marge Simpson para que acudiera a Springfield a construir un edifico, había arrojado airadamente al suelo. Ghery presentaba orgullosamente ese volumen como su nuevo gran proyecto, el cual, una vez construido, sobrevivía brevemente como gran auditorio enaltecedor de la vida cultural springfieldiana, para acabar acogiendo espectáculos baratos de variedades y logrando sobrevivir al derribo transformándose en cárcel.
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Tags: arquitectura, Frank Gehry, Museo Guggenheim Bilbao, opinion
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“El entorno del Guggenheim es empalagoso”
… Gehry añora la dureza industrial que ha perdido la zona

El arquitecto Frank O. Gehry (Toronto, 1929), el autor del Museo Guggenheim Bilbao, duda sobre la capacidad de las generaciones futuras por aceptar que las cosas pequeñas pueden funcionar en un mundo acostumbrado al gigantismo. “Son grandes los conciertos y los aviones”, recuerda. “Para conseguir la atención de la gente los artistas deben aumentar la escala de las obras. No puedes hacer un cuadrito y tener impacto”. Gehry cree que el Guggenheim “todavía” no se ha quedado pequeño, pero propone que el “núcleo central del relato” se quede en el museo y se creen otros espacios, como “satélites” dispersos por la ciudad, para almacenar las obras y mostrar las piezas de mayor tamaño.
Las dimensiones excepcionales de las salas del Guggenheim -19 espacios de diferentes alturas que suman cerca de 11.000 metros cuadrados de superficie expositiva- constituyen, en opinión del arquitecto, “un activo importante” para cultivar una relación productiva con los artistas. “La ciudad de Nueva Cork no tiene un lugar para presentar las obras como aquí”, lamenta Gehry. “Lo mejor que le ha pasado al Guggenheim es Bilbao. Las personas del mundo del arte que lo han visto saben que necesitan algo como esto”.
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Tags: arquitectura, entrevista, Frank O. Gehry, Museo Guggenheim Bilbao
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¿Cómo me han dejado hacer esto?
El Museo Guggenheim-Bilbao, la emblemática obra del arquitecto canadiense Frank O. Gehry, cumple este mes una década desde su inauguración. Un edificio que, por su audaz singularidad, se ha convertido no sólo en el símbolo de una ciudad sino que ha estimulado en pocos años una renovación radical en las calles de su entorno, además de ser un factor de cambio económico y un reclamo turístico. El efecto Bilbao se estudia ahora en universidades y se analiza en libros y artículos.
“Sin la visión de Utzon, difícilmente podría existir el Guggenheim en Bilbao”, dice Frank O. Gehry

En marzo de 1999, año y medio después de la apertura del Museo Guggenheim Bilbao, el diario The Washington Post lanzaba la siguiente pregunta: ¿puede por sí solo, un edificio contemporáneo levantado en un antiguo astillero, diseñado por un afable arquitecto californiano (de origen judeo-canadiense), insuflar nueva vida cultural y económica a una ciudad en decadencia, situada en la cornisa industrial del norte de España? Seis años más tarde, la Escuela de Diseño de Harvard la reformulaba diciendo: ¿puede repetirse el éxito del Museo Guggeheim Bilbao? No hay duda, Bilbao está ya en el mapa, también en la prensa y en las universidades.
El magnetismo de Bilbao es analizado en la mayoría de las escuelas de diseño urbano como el efecto Bilbao a partir del cual el valor de la arquitectura como imagen de marca está adoptando una posición clave en la nueva economía globalizada. El fenómeno se asocia también a otra palabra de nueva creación starchitect, (arquitecto+estrella), que es un término peyorativo utilizado para nombrar a los ídolos de la arquitectura que se dedican a sembrar iconos mediáticos por todo el mundo. Sin embargo, para Bilbao el efecto no ha podido ser más positivo. El primer año, después de la apertura, el museo recibió 100.000 visitantes al mes y ahora el flujo se ha estabilizado en la cifra de un millón de entradas anuales.
Hace sólo unas semanas, en un artículo publicado en The New York Times, se decía que diez años después Bilbao se ha convertido en una atracción para el turismo. El peregrinaje a Bilbao es obligado y los efectos penitenciales del viaje reconfortan y purifican a todo aquel que sea iluminado por los reflejos metálicos del titanio. Leer el resto de esta página »
El corresponsal de viajes de este periódico neoyorquino, Denny Lee, ha visitado Bilbao recientemente y se sorprende del profundo cambio sufrido por una ciudad que, hace ocho años, recordaba por el horrible olor a podrido de su ría. La imagen que le quedó grabada fue la de un museo de primera clase nadando en un entorno infeccioso y tercermundista. Ahora, la ciudad está irreconocible, con muchas de sus calles peatonalizadas, con su Casco Viejo renovado, con la colección de obras de los arquiestrellas repartidas a lo largo de una ría que, según Lee, no tiene el color azul del Danubio, pero en la que se practica el remo y sobre la que se deslizan parejas de cormoranes. El factor ¡guau! Desde finales de los noventa, años en los que se terminó el Museo Guggenheim Bilbao, se han venido utilizando las palabras wow factor, (factor ¡guau!), como concepto para referirse a esos edificios espectaculares que actúan como factores destacados en determinados procesos de regeneración urbana. De acuerdo con este nuevo parámetro se están realizando estudios sobre qué es lo que piensan de un edificio las personas que pasan delante de él y si se ha tenido en cuenta el factor ¡guau! a la hora de diseñarlo, además del programa y del coste.
Tags: arquitectura, Bilbao, Frank O. Gehry, Museo Guggenheim
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El Guggenheim cumple 10 años

Cumple el Guggenheim de Bilbao diez años y sigue siendo una referencia local e internacional, entre elogios y críticas. Unos lo han denominado -incluso el propio arquitecto- «efecto Bilbao», otros, «efecto Guggenheim» y, por último, algunos, «efecto Ghery». Y ciertamente estamos obligados a reconocer que el edificio, su arquitectura y sus significados, parece haber cambiado el mundo, definitivamente convertido en espectáculo, en teatro, en una gran simulación, en la que estamos ya habituados, que no condenados, a vivir y a habitar.
Hubo un tiempo, que aún dura, en el que esas consideraciones tenían o pretendían tener un contenido crítico en relación a la obra de Frank Gehry. Veníamos de las reflexiones, con consecuencias en la arquitectura y la ciudad contemporáneas, de Guy Debord y su crítica marxista a la sociedad del espectáculo, de las de Jean Baudrillard a Paul Virilio o Jean-François Lyotard. Todas juntas parecían ofrecer garantías para desenmascarar las aporías de la simulación y del espectáculo de las arquitecturas y metrópolis contemporáneas entendidas como teatro ideológico cuyo fin último, como en el barroco, era la persuasión, la seducción.
Nuevas perspectivas. Hubo quien entendió que desde los años setenta aparecían síntomas enjoyados de arquitecturas inanes e indiscretas, insignificantes, disfrazadas de ropajes de feria, simples mercancías envueltas en papeles de colores que servían sólo para ocultar la realidad. Sin embargo, las cosas han cambiado mucho y es posible que la arquitectura y la ciudad convertidas en espectáculo no haya que entenderlas en términos desusados, sino que ofrezcan la posibilidad de ser entendidas desde nuevas perspectivas y posibilidades, asumiendo como punto de partida que son una realidad que nos compromete, aunque sea a base de recursos retóricos y científicos, virtuales o técnicos. Y es que, para muchos, ahora toca aprender a vivir y a habitar en este nuevo teatro en el que la estética y las intenciones artísticas son un valor íntimo y añadido al negocio, al mercado, a la política, confundidos espectadores y espectáculos: habitar en lo real o en la apariencia, en la historia o en lo falso es igualmente pertinente en nuestros días, desde las grandes superficies comerciales a Las Vegas, de las construcciones de alta tecnología a Disney World, del Museo Guggenheim a todos los que después han venido, pendientes del «efecto Bilbao».
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Tags: arquitectura, Bilbao, efecto guggenheim, Frank O. Gehry, Museo Guggenheim
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