La arquitectura como fetiche
La fotografía lleva ocupándose de la arquitectura casi desde sus orígenes. Pero en las últimas dos décadas esta tendencia ha adquirido un nuevo impulso gracias al interés de los artistas de la imagen por hallar en ella sus metáforas. Varias exposiciones dan ejemplos de esta diversidad.
Deconstruyendo la arquitectura, reconstruyendo la historia era el título de una exposición que en 1989 reunía fotografías de arquitectura. Durante los años noventa ese postulado mantuvo una clara vigencia. Pero los tiempos han cambiado de tal manera que actualmente la máxima podría ser Rastreando la arquitectura, fotografiando el futuro, que es el título de otra exposición realizada casi veinte años después. Se ha remarcado abundantemente el estrecho lazo que unió desde sus orígenes a la fotografía con la arquitectura y cómo aquella contribuyó decisivamente en el siglo XIX a consolidar un concepto tan decisivo como la monumentalización, término que de nuevo hoy podría definir perfectamente la tendencia dominante que se observa hacia la fetichización del objeto arquitectónico.
Parece que la ascendente tendencia de la arquitectura a previsualizar las condiciones fotográficas, e incluso fotogénicas, de los proyectos constructivos ha terminado por condicionar y dirigir la mirada de muchos de los fotógrafos que actualmente centran su atención en lo arquitectónico. Es nítida la persistente atracción hacia las superficies de los edificios y las fachadas, la seducción que ejercen los materiales, los volúmenes y las simetrías, así como el interés por las grandes magnitudes y dimensiones que alcanzan las nuevas construcciones. También lo sublime (concepto que ha terminado por servir de justificación a una imparable estetización) parece estar agazapado detrás de cada macroproceso de transformación urbana, algo especialmente visible en los trabajos que abordan los cambios en la China del siglo XXI. La distancia entre las imágenes “artísticas” y las imágenes que ocupan las revistas de arquitectura ha acabado por difuminarse en muchos casos, recomponiéndose así la conexión entre arquitectura, poder e ideología con la creación fotográfica como coartada. Un elemento que ilustra los cambios ocurridos en las dos últimas décadas a propósito de la relación entre fotografía y arquitectura es la irrupción de la manipulación digital, que ha dado paso a un trasvase desde la posición dominante del registro documental o la intervención manual y deconstructiva hacia el predominio de lo verosímil o lo virtual.
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Tags: Arquitectura y Fotografía, Carlos Irijalba, Exposiciones, Francesco Jodice, Jordi Bernadó
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Arquitectura Castellano-Manchega: Más allá de los molinos
Arquitectura castellano-manchega. Cincuenta edificios emblemáticos del siglo XX. Un folleto gratuito sirve a los aficionados al turismo cultural para visitar las obras que Fernández del Amo, Fisac y otros autores dejaron en la comunidad.

Una escalera mecánica que rasga Toledo como un relámpago, un poblado para colonos del siglo XX en Albacete, el hotel Claridge de Alarcón, la capilla Valleacerón de Almadenejos. Nombres como Fernández del Amo, Fisac, Higueras, Zuazo, Moreno Barberá, Aburto, Corrales… Turismo de Castilla-La Mancha reúne en un nuevo folleto medio centenar de edificios cuidadosamente elegidos que trazan una ruta por la arquitectura de los últimos 100 años en Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Toledo. Destacamos cinco de los proyectos que recoge la guía, que también se descarga en Internet.
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Tags: Arquitectura castellano-manchega, Fernández del Amo, Fisac
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Teatro Romano de Sagunto: Restauración y simulacro
Al parecer, en el plazo de algo más de un año, la intervención realizada por Giorgio Grassi y Manuel Portaceli sobre los restos del Teatro Romano de Sagunto serán demolidos según dictaminó la sentencia última del Tribunal Supremo. La larga historia procesal iniciada por un abogado y político valenciano está fielmente recogida por las hemerotecas, y no es el motivo de la reflexión, aunque queda como arriesgado precedente de la compleja relación de la interpretación de las normativas legales y el mundo más problemático de las teorías restauradoras. Tampoco se trata de reivindicar algo obvio para los especialistas, el hecho de que el concepto de «reconstrucción», proscrito desde el punto de vista teórico, siempre se ha referido (al menos desde el Tercer Congreso de Ingenieros y Arquitectos, celebrado en Roma a finales de 1833, donde a instancia de Camillo Boito se tomó el acuerdo de las partes añadidas para completar la restauración de un monumento, que no debían imitar la arquitectura original), a la denominada «reconstrucción en estilo», aquella que desde la «falsificación óptica» podía dificultar el conocimiento científico del monumento, es decir, en dimensión histórica o, lo que es lo mismo, «documental».
Riesgo pedagógico. Y no es momento de entrar a valorar con criterios arquitectónicos la calidad en abstracto de una propuesta que asume desde un origen el riesgo de la pedagogía; de la recuperación de un tipo arquitectónico -el del teatro romano- lo que condujo necesariamente a una solución de condición esquemática, en consonancia con el carácter generalista del concepto.
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Tags: arquitectura, Giorgio Grassi y Manuel Portaceli, historia, restauración, Teatro Romano de Sagunto, Tercer Congreso de Ingenieros y Arquitectos
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El peso de la levedad
Proyectos o ideas de proyectos que se atrapan en una sola noche, de noche, es habitual encontrarlos en las historias de la arquitectura, pero también en otras muchas disciplinas artísticas. Suele tratarse de propuestas que adoptan figuraciones que proceden de fragmentos de ideas, emociones, formas y materiales que parecen volar como en suspensión, conformando a veces peculiares nubes o nieblas en las que cada gota de agua constituye una aportación, una cita, una solución, la memoria de algo visto, entrevisto, estudiado, intuido o ya comprobado. Pesan y son leves; conducen energía; recorren itinerarios laberínticos que siempre tienen una clave oculta, como escondida y simbólica. Suelen, cuando se les ve aparecer en el horizonte o en el paisaje, incluido el imaginado, el soñado, el irreal, revelarse sólo por un instante y, por eso, es importante estar atento al momento irrepetible, el que puede coincidir con la intensidad de una noche de vigilia.
Atraparlo es posible. Si se está atento, es posible atrapar el proyecto, incluso representarlo. Pero sólo si se está atento, por mucho que se trate de asuntos y temas que hayan obsesionado durante tiempos largos a sus autores, siempre mirando el paso de las nubes que se van o de las nieblas que se levantan a lo largo del pasar el día, cuando la luz la va desvaneciendo.
Esas peculiares condiciones de la creación de proyectos, objetos, versos o artefactos acaban iluminando el resultado final con luces enrarecidas, que para unos serán propias del amanecer, del mediodía o del atardecer, cuando no de la noche en la que se inició lo irrepetible. Por eso, por ejemplo, hay arquitecturas propias de las horas o húmedas y secas, que diría alguno de los protagonistas de esa noche mágica y mítica en la que nació un proyecto destinado a no ser construido, como quien proyecta un sueño y lo dibuja o lo representa materialmente, dándole forma y figura, que es lo que ocurrió con el de una capilla en el Camino de Santiago, realizado por los arquitectos Francisco Javier Sáenz de Oiza, José Luis Romaní y el escultor Jorge de Oteiza en 1954.
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Tags: arquitectura, conceptos
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Una base de submarinos para las ‘formas emergentes’
El LIFE de Saint-Nazaire insufla vida cultural a un lugar que simbolizó la destrucción de la ciudad.

El life, como su nombre indica, es un lugar de vida, de creación, en un sitio dedicado a la muerte, a la destrucción”, resume Christophe Wavelet, antiguo bailarín y coreógrafo, hoy al frente del Lugar Internacional de las Formas Emergentes (LIFE), en la costa atlántica francesa. Lo de “forma emergente”, es decir, que antes estaba “sumergida”, merece una explicación. “Es una manera de subrayar qué tipo de actividades se desarrollarán en el LIFE. El proyecto es acoger a los creadores que dan rostro a la época”. Nada más y nada menos.
Wavelet desea ofrecer un lugar a todos aquellos que no quieren plegarse a la homogeneización que imponen los medios de comunicación y las instancias dominantes. “Será un lugar de actividad, no de disciplina. No es un espacio para pintores, músicos, performers, videoartistas o actores sino para todos ellos y, mejor aún, para todos aquellos que se sienten incómodos bajo una etiqueta”.

Esa reivindicación de la vida y la flexibilidad tendrá lugar en la antigua base de submarinos de Saint-Nazaire creada por los alemanes durante la Ocupación, en 1941, que causó la destrucción del 85% de la ciudad en 1943-1944, y que sobrevivió a bombardeos e incendios provocados por los aliados en su deseo de acabar con los submarinos que atacaban su flota. La antigua base de submarinos es una sucesión de alvéolos de 85 metros de profundidad, 20 de anchura y 11 de altura. Para construirlos y hacerlos indestructibles los alemanes utilizaron 480.000 metros cúbicos de cemento, con un techo que llega a tener ocho metros de espesor y que resistió todas las bombas. Hoy, uno de esos alvéolos es el LIFE, adaptado por el arquitecto berlinés Finn Geipel.
Saint-Nazaire es una ciudad que nació con la industrialización moderna. Los barcos de madera fueron sustituidos por los metálicos. Su enorme calado no les permitía remontar el Loira hasta el puerto de Nantes y, de pronto, se decidió que esa población de unas pocas centenas de pescadores sería un buen lugar para instalar ahí el mayor puerto francés del Atlántico. En 1858 Napoleón III creaba líneas transatlánticas regulares entre Francia y toda América Latina, con salida exclusiva desde Saint-Nazaire. El pueblecito se convierte entonces en un gran puerto comercial y de pasajeros, en una terminal ferroviaria importante, en una localidad con buenos hoteles y restaurantes y, sobre todo, en los mejores astilleros de Europa, especializados en la construcción de paquebotes de lujo. De ochocientos habitantes había pasado a varias decenas de miles en menos de cuarenta años.
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Tags: arquitectura, El LIFE de Saint-Nazaire, rehabilitación
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Sentido de Ef(ica)cia
Iñaqui Carnicero, Ignacio Vila y Alejandro Vírseda se conocieron hace quince años en la escuela de Arquitectura de Madrid. Sus caminos de aprendizaje fueron serpenteando de manera independiente entre las distintas opciones docentes que se ofertaban durante los años noventa en la que entonces era la mejor Escuela de España. Como en un eslalon, fueron cruzando sus experiencias. Distintos posicionamientos ante la arquitectura, los de sus maestros cercanos, pero defendidos con rigor y coherencia, les permitían ofrecer distintas respuestas a los mismos problemas. La disciplina se convertía en un problema diferente en cada ocasión, se abordaba desde ángulos procedentes de lugares encontrados según el tutor que la guiaba.
Los planteamientos de Andrés Perea nada tenían -ni tienen- que ver con los de Campo Baeza, de la misma manera que los de Mariano Bayón no se corresponden, en absoluto, con los de Ábalos y Herreros. Durante aquella época había dos tipos de alumnos: los adscritos por convicción a alguna de las tendencias y los que buscaban la virtud recorriéndolas todas. No sési este segundo es el caso de ICA arquitectura. Lo que sí parece es que la suma de sus tres miembros ha destilado maneras muy distintas de abordar la arquitectura unificándolas en una sola oficina. Esto les permite enfrentarse a los problemas con mayor libertad, sin la búsqueda permanente de la única arquitectura posible, la suya. La suya no existe, existe la oportunidad de descubrir lo adecuado para cada circunstancia, o quizás lo oportuno. Las oportunidades han aparecido en su corta carrera.
Muestra de habilidad. Lo que pareció una casualidad, hace ocho años, recién titulados con sobresaliente, cuando ganaron su primer gran proyecto para la construcción de la Escuela de Arquitectura del CEU de Madrid, se ha convertido, con el tiempo, en una demostración de habilidad y oficio. Han sido capaces de manejar con inteligencia las variables de la arquitectura más oportunas en cada caso. Su lista de concursos premiados desde aquella irrupción ha sido notable. Gran parte de las administraciones no demandan arquitectos-estrella, ni un riesgo desbocado, ni legados culturales colmados de referencias. Habitualmente precisan una alta cualificación y solvencia técnica que resuelva de la manera más hábil sus demandas funcionales. ICA es capaz de encontrar la arquitectura en esta frontera facetada a medio camino entre los requerimientos de un jurado y sus propios deseos.
A lo largo de varias conversaciones con los tres y, en un principio, también con Miguel Cámara, se ha ido formulando una teoría intuitiva que ellos resumen de manera informal: «Creemos que el tener una actitud más ecléctica, como la que han seguido algunos de los maestros, como puede ser Moneo, permite multiplicar el número de respuestas que se pueden dar en cada caso. Sin embargo, sí que existe en casi todos nuestros trabajos una actitud común a la hora de abordar el proyecto, y es la de responder a las solicitaciones del lugar desde las cuestiones básicas de la arquitectura, como son la construcción, el espacio, la escala o el carácter. En algunos casos, el proyecto se aborda desde una idea constructiva o la elección de un material, como en Vallecas, donde intentamos camuflar el chaflán al que nos obliga la normativa a través de la repetición de muchos chaflanes que a su vez nos dictó la necesidad de buscar un material único que envolviera todo el edificio tanto en fachada como en la cubierta. Por esa razón recurrimos a un material cerámico. En otros casos la respuesta se ha producido desde la escala».
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Tags: Alejandro Vírseda, arquitectura, Iñaqui Carnicero, Ignacio Vila
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Arquitectos en la oficina de turismo

Álvaro Siza y el estudio Make, dos modelos de intervención en Madrid y Londres.
Tienen género las ciudades? Si fuera así, y atendiendo a dos singulares oficinas turísticas recientemente proyectadas en Madrid y Londres, la primera ha elegido la sutilidad de los detalles, y la segunda, el impacto inmediato. ¿Por qué? Al entrar en el nuevo centro turístico diseñado por el arquitecto portugués Álvaro Siza en el antiguo paso subterráneo de la plaza de Colón, se tiene la sensación de que Madrid esconde emociones nuevas que no revela si no percibe en el visitante una sensibilidad e interés genuinos por los detalles.
Las pistas madrileñas se buscan ahora en el viejo subterráneo de Colón. Las londinenses, enfrente de la catedral de San Pablo. Siza, en colaboración con los españoles Juan Miguel Hernández de León y Carlos Riaño, ha transformado el oscuro pasadizo que atravesaba la Castellana, donde antes dormían indigentes refugiados en pequeños habitáculos de cartón para protegerse del frío, en un espacio cálido y luminoso gracias al uso extensivo de la madera, el ladrillo y, sobre todo, un delicado implúvium por el que se filtra la luz natural, y que ilumina una lámina de agua y un patio. La madera, además, contrarresta la aparente frialdad de un espacio tan alargado, de unos mil metros cuadrados de superficie, donde el visitante encontrará zonas de exposición y de proyección de imágenes de Madrid, una librería y puestos de Internet con potentes ordenadores iMac, entre otras cosas.
Se trata del primer trabajo en la capital española del gran arquitecto portugués, premio Pritzker de arquitectura. Un preámbulo de lo que será su ambiciosa y polémica reforma urbana en el eje Prado-Recoletos. Frente a esta propuesta delicada propia del trabajo de Siza, la oficina turística que propone en Londres, frente a la catedral de San Pablo, el estudio de arquitectura Make es una puerta abierta a emociones fuertes, golpes de efecto y cierto exhibicionismo. ¿Acaso no es eso lo que uno nunca se cansa de descubrir en esta ciudad? El de Make es un volumen de sólo 140 metros cuadrados que contrasta al primer vistazo con la pesadez de la piedra de la catedral.
Alas con picos
El encargo del Ayuntamiento de la ciudad pretendía sustituir un quiosco circular de la década de los cincuenta. Esta nueva propuesta presenta dos alas con picos que se alzan unos cinco metros de altura. Su estructura de acero ligero está recubierta con contrachapado de madera revestido a su vez con una delgada capa de acero inoxidable que, a priori, la hace parecer algo agresiva, pero con la que los arquitectos tratan de aportar ligereza y personalidad. Los grandes ventanales de suelo a techo invitan a explorar el interior, a entrar sin rubor, y dejan pasar abundante luz natural. En el interior, varias pantallas de plasma transportan al visitante por un paseo virtual por la ciudad.
Dos formas de entender la arquitectura, de ver la ciudad y de mostrársela al viajero que llega.
- Centro turístico Colón. Antiguo pasaje subterráneo entre las calles de Génova y Goya. Plaza de Colón. Madrid. Abierto de 9.30 a 20.30 todos los días. Línea 4 de metro.
- London Tourism Centre. St. Paul’s Churchyard, EC4. Londres. Teléfono 44 (0)20 7323 14 56. Metro St. Paul’s.
Fuente:
El País. 05/01/2008
Por: Rafael Fernández Bermejo
Tags: Alvaro Siza, arquitectura, estudio Make, Londres, Madrid
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Hogar, dulce hogar

Desde su estudio en Lérida, Julio Mejón y Ramón Fité reivindican la persistente importancia de la vivienda unifamiliar como laboratorio de investigación fundamental para el arquitecto. A la necesidad de responder con absoluto rigor a los requerimientos pragmáticos que el proyecto de una casa demanda, estos arquitectos reaccionan haciendo componente de esa misma necesidad obligarse a plantear una experimentación cuyo resultado definitivo sea un entorno doméstico impecablemente planificado para beneficio de sus usuarios, que, simultáneamente, haya constituido un ejercicio de profundización en el conocimiento de la arquitectura para sus autores. La solidez de la experiencia que una trayectoria profesional de más de dos décadas les otorga se traduce en su caso en un permanente estado de curiosidad que les aleja de cualquier conservadurismo y del acomodamiento profesional e intelectual que la repetición de una misma serie de modelos ya ensayados podría proporcionar.
Soluciones únicas. Cada proyecto se acomete inicialmente desde el aferramiento al principio de la importancia de las condiciones de posición de la futura casa. Con una trayectoria de obras tanto de carácter privado como público localizadas en el territorio geográfico de la provincia de Lérida y en Huesca, conciben el propio suelo como la materia prima de toda construcción. Fité y Mejón organizan la orientación y disposición de la vivienda asegurándose de que se crearán las mejores condiciones para aprovechar los factores específicos del clima en la zona, la relación que se establecerá con el paisaje circundante? A partir de este planteamiento de base se comienza el desarrollo de un proceso que refleja un sólido equilibrio entre el profundo respeto a los fundamentos esenciales en los que subyace la sabiduría arquitectónica y la inquietud por hallar soluciones expresivas a través de un empleo racional e inventivo de nuevos materiales.
Antes que interesados en distinguir un estilo arquitectónico personal -que pudiera transformar sus viviendas en productos más o menos estandarizados que facilitasen su fácil «comercialización»-, Fité y Mejón están comprometidos en la reflexión acerca de la naturaleza conceptual de su modo de hacer. Trazan de esta forma una línea de continuidad investigadora con sus dos últimas viviendas unifamiliares, la Casa Mariona, en Lérida (2006) y la Casa Jesús, en Monzón (2007), con las desarrolladas en la Casa Lucas en Almacelles y la Montull, también en Lérida -ambas concluidas en 2003-. Esta última es un volumen metálico y ligero concebido y materializado mediante las técnicas y máquinarias para la construcción de estructuras dinámicas para soportes de camiones y carrocerías frigoríficas.
Cuestión de volúmenes. La Casa Lucas es, por su parte, un hermoso ejercicio de yuxtaposición de un volumen ingrávido y otro de contundente solidez que debe su belleza al proceso de oxidación del acero que le envuelve. La Casa Mariona se ha planteado igualmente en base a la elección de materiales con una buena capacidad de envejecimiento, que otorguen una interesante intensidad plástica a la estructura, que en la Casa Jesús viene dada por el delicado tratamiento del hormigón blanco.
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Tags: arquitectura, vivienda unifamiliar
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Tres ideas para la eternidad
Karl Kraus, compañero y amigo del arquitecto austriaco Adolf Loos, resumió el mensaje de su filosofía contrasezessionista con esta agudeza: «Loos y yo, él de obra y yo de palabra, no hicimos más que mostrar la diferencia que hay entre una urna funeraria y un orinal, diferencia que está regida por la cultura. No obstante, los otros, los positivos -refiriéndose irónicamente a sus enemigos de la Sezession- se dividen entre quienes utilizan la urna como orinal y quienes utilizan el orinal como urna». Para Kraus y Loos, precursores involuntarios del movimiento moderno, la evolución de la arquitectura, su forma y su ornamento eran consecuencia directa y necesaria del progreso cultural. Los objetos debían ser útiles y sólo eso, debían responder de manera adecuada a sus fines y dar servicio a una sociedad determinada.
En definitiva, anticiparon por primera vez la célebre frase «dejar a los objetos ser lo que quieren ser». Llegado a este punto, Loos estableció los límites entre el arte y la cultura cotidiana, alcanzando la conclusión de que la arquitectura debería excluirse del reino del arte, salvo en el caso particular de los monumentos conmemorativos, y muy especialmente de las lápidas sepulcrales. Es aquí donde comienza esta breve visita obligada por la arquitectura funeraria de cuatro arquitectos eternos: Soane, en Londres, Loos, en Viena, y Asplund y Lewerentz, en Suecia.
Loos, solemne y épico. Loos proyectó entre 1919 y 1931 tres obras nada solemnes e íntimamente épicas ajustadas a sus teorías sobre el arte y la arquitectura: la tumba del escritor Peter Altemberg, el mausoleo de Max Dvorak y su propia tumba. El Mausoleo es un bloque macizo de granito negro, rematado por una pirámide escalonada. Con una altura total de unos siete metros, estaba previsto ser decorado en su interior por el pintor Kokoschka. Una pieza donde se concitan el arquitecto, el pintor y el crítico de arte. Precisamente Dvorak escribió en una ocasión: «Lo que Miguel Angel pintó y esculpió en sus últimos años parece pertenecer a otro mundo? Tras haber llegado a los supremos límites del arte, se replantea los más hondos problemas de la existencia: ¿por qué vive el hombre y cuál es la relación entre los bienes transitorios, terrenales y materiales de la humanidad y la eternidad, el espíritu, lo sobrenatural?». Son palabras que, según Gravagnuolo, pueden servir como epígrafe tanto para el idealismo crítico de Dvorak, como para el expresionismo pictórico de Kokoschka, así como para el existencialismo arquitectónico de Loos.
Existencialismo que se manifiesta sólo posible como la unión entre arte y arquitectura en los monumentos conmemorativos y en las lápidas. En este caso, el Mausoleo aparece como síntesis de ambos. El mismo año que fue ingresado en el hospital Rosenhugel de Viena por una grave enfermedad, y anticipándose dos años a su muerte, Loos esbozó el diseño de su tumba autoconmemorativa. Un cubo esencial sobre un pedestal. El manifiesto definitivo de sus intenciones, donde el arte y la arquitectura se funden como al principio de los tiempos y hasta el final de la eternidad. El arte quiere ser la imagen elemental de la muerte como escribió en 1920 Bruno Taut.
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Tags: Adolf Loos, arquitectura funeraria, Asplund y Lewerentz, Soane
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Castellón, espacio contemporáneo
Una emprendedora programación cultural anima la ciudad. Del Museu de Belles Arts, proyectado por el estudio Muñón & Mansilla, al dinámico Espai d’Art Contemporani. Un paseo por el centro, un arroz en el puerto y un escapada a Benicássim o Morella.
Espai d’Art Contemporani de Castellón. Y la intervención, al fondo, del arquitecto Santiago Cirugeda.
Basta tomar un café en el bar del Espai d’Art Contemporani mientras se echa un vistazo a la programación cultural del Museu de Belles Arts o del teatro Principal (Castelló Cultural) para comprender que Castellón está renovando su interior.
Bastante al margen de modas turísticas, la ciudad se está sometiendo a un lifting de arquitectura contemporánea y de planes culturales. Una universidad (Jaime I) ya internacional, los nuevos museos, el auditorio… dotan de movimiento a un Castellón todavía inexplorado, que trata de dinamizar la cultura y cuyo plan renove está dando sus frutos.
Castellón se divide en casco urbano y puerto, separados por cuatro kilómetros. El Grao, antigua zona portuaria, en su día genuina y decadente, está hoy modernizada. El puerto deportivo ofrece zona de ocio, un planetario y la concurrida plaza del Mar, albergue de restaurantes con el arroz (en diversas variantes) como primer plato en todas las pizarras.
Un motor artístico. En la plaza Fadrell se halla el conservatorio Salvador Seguí y la Escuela Superior de Diseño. Ahí empieza lo mejor. Es una bonita casualidad que al lado de la Escuela Superior de Diseño encontremos el Espai d’Art Contemporani de Castelló. Refrendado motor cultural, con una programación emprendedora que incluye conferencias, ciclos, exposiciones, talleres didácticos, debates y conciertos (vale la pena consultar www.eacc.es). De este modo cumple la misión de promover y difundir prácticas artísticas, así como de reflexionar acerca de los límites y la utilidad de la institución museística desde una óptica espacial y social.
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Tags: arquitectura, Carlos Ferrater, Castellón, Espai d’Art Contemporani, Muñón & Mansilla, Museu de Belles Arts
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