Sentido de Ef(ica)cia
Iñaqui Carnicero, Ignacio Vila y Alejandro Vírseda se conocieron hace quince años en la escuela de Arquitectura de Madrid. Sus caminos de aprendizaje fueron serpenteando de manera independiente entre las distintas opciones docentes que se ofertaban durante los años noventa en la que entonces era la mejor Escuela de España. Como en un eslalon, fueron cruzando sus experiencias. Distintos posicionamientos ante la arquitectura, los de sus maestros cercanos, pero defendidos con rigor y coherencia, les permitían ofrecer distintas respuestas a los mismos problemas. La disciplina se convertía en un problema diferente en cada ocasión, se abordaba desde ángulos procedentes de lugares encontrados según el tutor que la guiaba.
Los planteamientos de Andrés Perea nada tenían -ni tienen- que ver con los de Campo Baeza, de la misma manera que los de Mariano Bayón no se corresponden, en absoluto, con los de Ábalos y Herreros. Durante aquella época había dos tipos de alumnos: los adscritos por convicción a alguna de las tendencias y los que buscaban la virtud recorriéndolas todas. No sési este segundo es el caso de ICA arquitectura. Lo que sí parece es que la suma de sus tres miembros ha destilado maneras muy distintas de abordar la arquitectura unificándolas en una sola oficina. Esto les permite enfrentarse a los problemas con mayor libertad, sin la búsqueda permanente de la única arquitectura posible, la suya. La suya no existe, existe la oportunidad de descubrir lo adecuado para cada circunstancia, o quizás lo oportuno. Las oportunidades han aparecido en su corta carrera.
Muestra de habilidad. Lo que pareció una casualidad, hace ocho años, recién titulados con sobresaliente, cuando ganaron su primer gran proyecto para la construcción de la Escuela de Arquitectura del CEU de Madrid, se ha convertido, con el tiempo, en una demostración de habilidad y oficio. Han sido capaces de manejar con inteligencia las variables de la arquitectura más oportunas en cada caso. Su lista de concursos premiados desde aquella irrupción ha sido notable. Gran parte de las administraciones no demandan arquitectos-estrella, ni un riesgo desbocado, ni legados culturales colmados de referencias. Habitualmente precisan una alta cualificación y solvencia técnica que resuelva de la manera más hábil sus demandas funcionales. ICA es capaz de encontrar la arquitectura en esta frontera facetada a medio camino entre los requerimientos de un jurado y sus propios deseos.
A lo largo de varias conversaciones con los tres y, en un principio, también con Miguel Cámara, se ha ido formulando una teoría intuitiva que ellos resumen de manera informal: «Creemos que el tener una actitud más ecléctica, como la que han seguido algunos de los maestros, como puede ser Moneo, permite multiplicar el número de respuestas que se pueden dar en cada caso. Sin embargo, sí que existe en casi todos nuestros trabajos una actitud común a la hora de abordar el proyecto, y es la de responder a las solicitaciones del lugar desde las cuestiones básicas de la arquitectura, como son la construcción, el espacio, la escala o el carácter. En algunos casos, el proyecto se aborda desde una idea constructiva o la elección de un material, como en Vallecas, donde intentamos camuflar el chaflán al que nos obliga la normativa a través de la repetición de muchos chaflanes que a su vez nos dictó la necesidad de buscar un material único que envolviera todo el edificio tanto en fachada como en la cubierta. Por esa razón recurrimos a un material cerámico. En otros casos la respuesta se ha producido desde la escala».
Un anillo gigante. «En el concurso para la adecuación del Polideportivo de Vallehermoso en Madrid -continúan-, la excesiva fragmentación de las construcciones nos hizo pensar en un anillo gigante como elemento capaz de dotar de unidad a los equipamientos deportivos desperdigados en la actualidad. En el instituto Don Bosco, de Albacete, el planteamiento se hizo desde la manipulación del espacio interior para lograr una continuidad visual de todas las aulas. En Matadero-Madrid, toda la preocupación se centró en recuperar la memoria del lugar, de ahí la decisión de incorporar un suelo de hormigón rojo como la sangre, o el hecho de que las obras de arte estuvieran colgadas con un sistema similar al que se empleaba con las reses y la utilización de elementos de aspecto industrial como son las grandes puertas de 5×2,5 metros».
Verdades dispersas. Durante un repaso tangencial a través de sus concursos y prestando un especial interés en encontrar un hilo conductor, aparecen algunas verdades de la arquitectura sutilmente dispersas. La escala como una herramienta de comunicación entre el hombre y la arquitectura. Su manipulación, su manejo, su ajuste, su adecuación a las circunstancias. El ritmo, la repetición, la máquina de habitar, la secuencia sistemática en el juego de las percepciones. Las articulaciones como puntos de encuentro, las bisagras, las fronteras o los límites desde donde nacen algunos proyectos. La estructura desde su sentido común o el material que mejor se adapta a la lógica de sus intenciones conceptuales. Utilizan, en ocasiones, el entorno para descubrir determinados argumentos que se conviertan en la solicitación más importante del proyecto. La puerta continúa abierta girando sobre su eje, permitiendo el tránsito de ideas en todas direcciones. La sorpresa inicial se ha diluido durante estos años, confirmando la llegada definitiva de un equipo calibrado que acaba de ganar el concurso para la rehabilitación de las naves 15 y 16 del Antiguo Matadero de Madrid para la nueva sede de la Fundación ARCO y, muy recientemente, el edificio para la Fiscalía en el Cámpus de la Justicia, también, de Madrid. Un laboratorio de ideas donde tendrán como vecinos a Foster, De la Hoz, Picado y De Blas, Zaera y Hadid.
Fuente:
ABC 827 - ABCD Las Artes y las Letras
Arquitectura y diseño
Por Arturo Franco.


